El pasado lunes 8 de enero salía publicado en el diario EL PAÍS un artículo bajo el título “¡Voto a los 16 años ya!”Al parecer son varios los textos de este tipo que se han ido publicando con la misma idea, ampliar el sufragio hasta los 16 años, dándole la oportunidad de participar en la vida política a más de un millón de ciudadanos. Esta propuesta no ha tenido demasiada repercusión en los diferentes partidos políticos, está claro que aún no han valorado en qué medida podría beneficiarles. El autor del texto considera esta ampliación como insoslayable. La Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce que toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país… por medio de representantes libremente elegidos, en España la propia Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor reconoce que hay que ampliar el reconocimiento del papel que los menores desempeñan en la sociedad. |
Hay que considerar que no siempre hemos vivido como ahora. Las conquistas sociales se han ido produciendo a lo largo de la historia, ya sea referente, por ejemplo, al voto femenino, como al hecho de que el concepto de niñez no ha existido siempre. Destaco esto porque no hemos de extrañarnos ante ninguna propuesta, pues ni todas se llevan a cabo, pero sí hacen posible que vayamos avanzando hacia una sociedad más moderna. Esta evolución tiene sus pros y sus contras. En el terreno legislativo somos testigos de la mayor protección a la infancia, pero ello no siempre se traduce en un mayor beneficio para la sociedad. Hace unos días veía un reportaje en televisión donde niños rumanos campaban a sus anchas en las calles madrileñas realizando todo tipo de maldades. Vecinos, turistas y comerciantes, eran sus víctimas y también las de un sistema que no puede hacer nada contra esa delincuencia. La policía apenas podía mantener unas horas a los menores en la comisaría, para ponerlos en libertad tiempo después. A veces eran detenidos varias veces en un mismo día. ¿Derechos o abuso? Entiendo que los ciudadanos tenemos nuestros derechos, pero cuando cumplimos con nuestros deberes. Quiero considerar que la propuesta de que los más jóvenes puedan participar con sus votos en la vida política y social de nuestro país, se basa en el ánimo de hacerles más responsables, todos sabemos que cuando una persona asume ciertos compromisos hace las cosas con otro cuidado, pero no siempre es así. Antes de dejarme llevar por un sí o un no, quisiera que ustedes se plantearan si estamos educando a nuestros jóvenes con coherencia, si le transmitimos valores para que puedan asumir la responsabilidad que se le supone a la etapa adulta. Es cierto, como recoge el artículo, que son muchos los nonagenarios que ejercen su derecho al voto sin que estén en plena capacidad, incluso puedo decir que disminuídos psíquicos disponen de ese mismo derecho, tratándose entonces de votos manipulados por terceras personas. Seamos coherentes, demos responsabilidades y derechos a los jóvenes, pero que ellos se hagan cargo también de los mismos, que respondan ante sus actos. Muchos aprovechan su juventud para actuar como vándalos, sintiéndose impunes, otros sin embargo, utilizan ese mismo tiempo para formarse humana y culturalmente, demostrando que la juventud puede estar asociada a pensamiento, deseo, crecimiento. Muchos jóvenes no están preparados para crecer, otros sí trabajan para conquistar cada día un lugar en el mundo. Nadie puede regalarnos nada, no creo que regalando el derecho al voto estemos ayudando a crear una juventud mejor, tal vez, sí estemos ayudando a que ciertos sectores políticos puedan favorecerse con ello.
Helena Trujillo Luque Psicoanalista de la Escuela Grupo Cero C/ Esperanto, 9-2ºD Málaga www.htpsicoanalisis.com |