La vía dura que propugna el Partido Popular, no conseguirá erradicar el terrorismo, seguramente lo recrudecerá y ellos lo saben. ¡Por dios si no hay más que echarle una mirada al mundo!, un mundo que el inolvidable trío de las Azores ya “mejoró” suficientemente, con su guerra para combatir las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadan Hussein.
El Partido Popular y muchos de sus miembros no han conseguido tragarse la amarga píldora de la derrota electoral, una derrota en la que los españoles les dijimos claramente al por entonces presidente, que ya no era un rey absolutista al estilo Fernando VII, ni el extinto general de amarga memoria; y que si él, u otro como él, actuaba por su cuenta y en contra de la voluntad del pueblo que gobernaba, no lo haría dos veces.
Desde entonces no han parado de intoxicar, intentando contra toda evidencia, vincular los atentados del 11 de marzo con ETA, una y otra vez han querido deslegitimar a un gobierno democráticamente elegido y a su presidente. ETA solo está a favor de sí misma y este atentado y estos muertos, no son contra un presidente determinado ni un partido, son contra la nación y contra todos nosotros, igual que lo fueron los atentados Al Qaeda o cualquier otro acto de violencia. Una vez más los terroristas se han reído en nuestra cara por creer que era posible la paz, como todos los tiranos sólo pretenden ganar, imponer y gobernar ellos, o reventar cuanto se les ponga por delante.
Es cierto que ETA ha vuelto a colarnos un penoso gol, lo ha estado haciendo con los presidentes de este país, desde Carrero Blanco en las postrimerías de la dictadura, para continuar con todos y cada uno de los presidentes electos hasta Jose María Aznar y Jose Luís Zapatero. No es digno, no es bueno y es doloroso, el trío de los adjetivos, pero si el señor Bravo está dispuesto a añadir las palabras sobre penetraciones que menciona en su artículo, ha de saber que éste es un acto contra el pueblo español y vasco, también contra él y su partido y contra todos nosotros, no sólo contra el gobierno y el Presidente de la Nación, que creo este señor ha olvidado que somos, independientemente de quien gobierne.
Al portavoz de la oficina de prensa del ayuntamiento, hasta aquí y pese a sus modos y maneras, le tenía en consideración, creía que era un hombre inteligente, aunque evidentemente manipulador, injusto e imponderado. Pero una persona con un puesto de responsabilidad dentro del ayuntamiento, pagado por todos, por los que votaron a su partido y por los que no, capaz de utilizar ese lenguaje, esos niveles de expresión de tan bajos fondos y jactarse de ello, no puede ser nunca una persona inteligente. Una persona inteligente mide las palabras que salen por su boca, mucho más las que escribe y transmite públicamente.
Yo no me alegro de este retrato de sí mismo que nos ofrece el señor Bravo, ni de que se rebaje al hacerlo; me entristece que las personas, y más aún los portavoces de los poderes públicos que nos representan a todos, muestren estos penosos niveles. Un gran ejemplo para nuestros hijos y los suyos y para el resto de los ciudadanos.
Nada que ver con el digno y triste artículo de Lina Arlandis. |