Desde hace tiempo sigo con interés los comentarios del Sr. Bravo, y aunque admito que raramente estoy de acuerdo con su contenido, sí que he admirado (y envidiado...) su habilidad para plasmar en pocas y certeras palabras sus ideas y pensamientos. Para muestra, el genial pregón en el pasado homenaje a Torrijos. En cambio, su última joya literaria, la "crónica de una sodomización anunciada" me ha dejado igual que la bomba al presidente: noqueada, grogui, sonada como un boxeador al que le acaban de partir la nariz de un crochet (Luis Bravo dixit). |
En sus más de 800 palabras, cargadas de sarcasmo y chabacanería, al sr. Bravo se le llena la boca un sinfín de veces con ciertas partes de la anatomía de Zapatero (todas de cintura para abajo) y además, no duda en pedir permiso para hacer chistes fáciles, así, para echar unas risas.
Pues no, sr. Bravo, una bomba de ETA (la enésima...) y dos muertos (¿cuántos llevamos ya?) no se prestan a burla ni a artículos zafios y groseros, más o menos ingeniosos. Claro que tiene usted todo el derecho del mundo, faltaría más, a estar en desacuerdo con el Gobierno, a criticar duramente su forma de actuar, y si eso le satisface, también a mofarse de la cara de Mr. Bean-ZP. Pero todo esto sin perder de vista lo esencial, lo triste y lo trágico: que una vez más, esa fiera que es ETA ha vuelto a matar sin piedad, nos ha hecho llorar a todos los españoles, y todos, TODOS, nos hemos sentido víctimas y hemos temblado de rabia y dolor viendo esas excavadoras buscar, trocito a trozo, los restos de dos personas inocentes entre toneladas de escombros. ¡Qué imagen más horrible!
Usted pide mano dura, sr. Bravo, y un presidente que no tenga sólo talante sino talento, y obviamente, ese presidente tendría que ser el sr. Rajoy. De corazón deseo que usted tenga razón y yo sea la ilusa equivocada. Ni siquiera intentaré rebatirle la famosa frase que vuela de móvil en móvil, porque admito que cualquier "guerra" dialéctica con usted la tengo perdida de antemano. Eso sí, permítame decirle sin acritud que pretendo ganarle donde se ganan las batallas, en las urnas.
Para terminar, no diré que el tiempo nos dará (o quitará) la razón a usted o a mí, porque ETA y el terrorismo etarra son una sinrazón. Seguro que en eso sí que estamos de acuerdo. |