Plagio es el acto de plagiar, que significa copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias Para entendernos rápidamente un “robo”…..eso sí literario. En todos los tiempos ha existido el plagio, que no es más que hacer pasar una obra ajena como propia, para obtener los frutos del trabajo de otro, sin esfuerzo. Su origen histórico, como expresión y con diverso significado, se remonta a los antiguos romanos, para quienes plagiar significaba usar un esclavo ajeno como si fuera propio, así como otros delitos como rapto u otros actos de apropiación de personas. Siendo en su origen muy distinto de la referencia actual a la apropiación de la autoría de obra ajena, resulta claro sin embargo, su vinculación con la personalidad humana. Y es esto lo que nos interesa.
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¿Porqué nos ha plagiado los folletos publicitarios nuestra candidatura opositora?
En un primer acercamiento, podríamos decir que el plagio lo ha sido porque no tienen argumentos en su programa que puedan ponerse en valor. No hay como dirían los clásicos, “meollo en la cuestión”.
También podríamos concluir con que es un simple ejercicio de obtener frutos sin esfuerzo o mas aún, displicencia hacia los ciudadanos pensando que son estúpidos y no se dan cuenta de nada, (mala cosa para quién aspira a liderar un partido de los ciudadanos), e incluso iniciativa de confusión para cuando llegue el momento del voto.
Pero con todo, hay un aspecto todavía mas relevante que lo anterior.
La histeria del PODER.
Aquella que nos hace creer que lo que nosotros decimos es la VERDAD. La única verdad. La verdad que los demás NECESITAN oír.
La histeria del poder se entretiene con el diablo y sus acólitos, trabaja las pociones mágicas, anuda y suelta los imperdibles de la violencia.
La histeria colectiva del siglo XXI sigue teniendo su lado medieval pues las estructuras humanas son invariables con la perennidad de la histeria.
La comadrona guillotinada por los nazis en 1938 por abortista en contra de la Ley de la Familia por ejemplo. Mi Verdad por encima de todo.
Mi histeria que se embadurna del preciso y justo halo de espiritualismo para que mis sacristanes se suiciden conmigo como en el caso del Templo del Pueblo del reverendo Jim Jones en 1.978.
La histeria del poder sobrepasa entonces los confines del natural entendimiento. Es cuando el fin justifica los medios.
Es cuando todo vale. Es cuando nada se esconde.
Es el Caos. |