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Una reflexión para tiempos de crisis
 “El amor que mueve las estrellas mueve también nuestro corazón” Dante Alighieri

Adriana Ruiz Díaz. 29.12.06 

Hola Rocío:
No tengo el placer de conocerla, quería contarle algo a usted y a otros vecinos sobre la decoración navideña del pueblo que muestran su preocupación por lo desigual de su reparto. No es mi intención ofenderla a usted, ni a ninguno de ellos, y en honor a la verdad es cierto, que hay unas zonas más favorecidas de pascueros y  adornos que otras. Lejos queda el tiempo, en el que nuestros antepasados celebraban el nacimiento de la luz, en mitad de los días más fríos y oscuros del invierno. Era la fecha del solsticio, a partir de ese instante, los días comenzarían a ser más largos, era la promesa del calor y la luz. Es una alegoría muy hermosa, nos recuerda cuando tocamos el fondo del dolor, la oscuridad y el frío, que los días claros y alegres volverán, que la oscuridad finalmente será superada y vencida. La iglesia adoptó estas fechas de las celebraciones antiguas, para el nacimiento de Jesucristo, y lo seguimos celebrando con luces.


Pero hay algo esencial que olvidamos, los pascueros son efímeros, duran apenas un mes y algunos menos, los adornos navideños cuestan mucho dinero y se pagan de las arcas municipales, añadiendo el incremento en la factura de la luz. Los árboles navideños cortados para el lucimiento de unos días, no pertenecen a nuestra tradición y no volverán a crecer, ni siquiera los que compramos con raíces o en macetas, que cuestan mucho más caros, y que como hemos tenido ocasión de comprobar algunos incautos, tampoco sobreviven después de la Navidad. Málaga capital es un ascua de oro, no se queda atrás Torremolinos y tampoco nuestro pueblo, no son comparables con ninguna capital europea, como bien saben, los que durante estas fechas, han tenido ocasión de viajar.

Todo tiene dos lecturas, podemos decir: “mira que son rácanos, siendo mucho más ricos que nosotros”, o “nada como mi pueblo”, o “todo sacrificio es poco por el Niño Dios”; que para mí es ya es la repera, porque dios necesita bien poco de nuestras bombillas, y eso hasta el más creyente lo sabe.  Hasta aquí todo son opiniones discutibles, depende de las creencias y el modo de pensar de cada uno, pero hay un factor añadido en el mundo actual, ante el cual no podemos cerrar los ojos por más tiempo. Nos enfrentamos al cambio climático, de aquí en adelante, todo ahorro será poco. Si los habitantes de los países pobres o en vías de desarrollo como África, China y la India, consumieran como los europeos, necesitaríamos cuatro planetas como la tierra, si lo hicieran como los americanos, entonces necesitaríamos siete planetas.

 Dicen los expertos en su informe a las Naciones Unidas para el año próximo, que aunque hoy mismo dejáramos de emitir gases con efecto invernadero, el proceso del cambio en el clima, la desertificación, las inundaciones y sequías, el comportamiento de las corrientes  oceánicas, las hambrunas y el consecuente desplazamiento masivo de poblaciones enteras, es ya imparable.

El panorama que se nos avecina, no es como para quejarse de que no nos adornen suficientemente las calles, es más, tendríamos que estar dispuestos a plantearnos como sociedad y en nuestra vida personal, qué es lo vital y necesario, y qué es lo superfluo, de lo cual podríamos prescindir en beneficio de todos. Podemos sacrificar lo bonito, si está en peligro lo esencial. Sinceramente creo que estamos viviendo con extrema ligereza,  son mucho más precisos los valores de la hermandad, la amistad y la solidaridad, que los adornos navideños, y además calientan el corazón, hay otras formas de celebrar. Si tenemos la suerte de tener abuelos, nos pueden recordar lo bien que se lo pasaban en las fiestas, cuando en sus pueblos apenas había unas pocas bombillas.

Quiero terminar con unas palabras de Leonardo Boff, dice así: “La vida es eterna, pero sólo tenemos una tierra. Ella es nuestra única casa, no tenemos otra. No estamos dentro de un drama, sino de una crisis, con todo el caudal regenerador que ésta puede encarnar. La función de la crisis es acrisolar, limpiar, purificar… para un cambio. Hegel dice que el ser humano aprende principalmente a través del sufrimiento, y nosotros vamos a sentir por la piel. Cuando el agua nos llegue a la nariz cambiaremos, porque de lo contrario desapareceremos”.

Felices fiestas a todos.

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