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El maltratador, ¿víctima de la sociedad o animal descarriado? | | Lydia Tapiero Eljarrat. 28.11.14 | |  Una de las peores soluciones es quedarse sin ellas. Publicaré año tras año esta idea, esta semilla, que podría salvar la vida de mucha gente o por lo menos podría intentarlo. Hasta cuándo vamos a escuchar ‘Asesinada por Violencia de género’, 'niños asesinados por violencia de género' ¡Basta! La brutalidad no tiene límites, la brutalidad no tiene frenos, la brutalidad se ríe de todos nosotros. ¿Donde queda la responsabilidad del gobierno de crear una sociedad sana? ¿Qué pasa por la cabeza de un político cuando se escucha un nuevo caso de asesinato? Yo siento la impotencia de un sistema que no funciona. Y si ese sistema no funciona, ¿no ha llegado el momento de cambiarlo? No soy psicóloga ni pretendo serlo, pero si se sumar dos más dos y las matemáticas no engañan, como el porcentaje de mujeres asesinadas que sigue subiendo por la cuesta de la muerte año tras año. Podemos seguir lamentándonos y llorando, pero eso no va a cambiar las cosas. | | Esta simple pregunta, se merece unos segundos de reflexión. ¿Por qué un hombre que no vive con su mujer e hijos vuelve después de un tiempo para asesinarles? Me puedo equivocar en lo que digo, pero me permito equivocarme por que no hay otra manera. La respuesta me resulta tremendamente obvia. La persona (animal) que vuelve a asesinar a su familia es un enfermo y da igual su posición económica y social. ¿Qué se hace cuando alguien está enfermo? a un enfermo se le cura o por lo menos se intenta. Al maltratador hay que tratarlo de igual manera, pero con un matiz imprescindibl: hay que apartarlo de la sociedad y reclutarlo en un Centro que se dedique exclusivamente a eso, a curarlo. La orden de alejamiento, NO ES SUFICIENTE, no existe nadie más peligroso que el que no tiene nada que perder. Una persona dispuesta a destruir su propia vida asesinando a su familia, demuestra que ha llegado a lo más bajo que se puede llegar, a su autodestrucción. El maltratador necesita recuperar algo que perdió en el camino, quizá su autoestima, seguridad en si mismo, su yo cómo persona íntegra, su anhelo por vivir y tener experiencias nuevas, el comprender que su vida continúa, el no ver a su mujer e hijos cómo su único camino y su perdición. Esos síntomas si no se tratan siguen cebando un odio que al final se hacen insostenible, insoportables. La mujer debe ser partícipe de este proceso, tanto él como ella deben entender, asimilar y aceptar su nuevo lugar en la sociedad. Si logramos salvar a un hombre, estamos salvando a toda su familia. Ya es hora de bajar las estadísticas de muerte por violencia de género. Ya es hora de pensar diferente. |
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