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En Europa sobran los nacionalismos | | Union Progreso y Democracia. 11.11.14 | |  El presidente de Francia, François Miterrand, dio el 17 de enero de 1995 un discurso en el Parlamento Europeo en el que pidió la superación del nacionalismo como forma de asegurar la paz y la seguridad de todos los ciudadanos de Europa. Estas son sus últimas palabras, las que lo resumen todo: “Lo que pido aquí es casi imposible, porque se debe superar nuestra historia y, sin embargo, si no se supera hay que saber que una norma se impondrá, ¡el nacionalismo es la guerra! La guerra no es solo el pasado, puede ser también nuestro futuro, ¡y somos nosotros, son ustedes, señoras y señores diputados, los guardianes de nuestra paz, de nuestra seguridad y del porvenir!” | El domingo 9 de noviembre se cumplen 25 años de la caída del muro de Berlín. Ese mismo día, el nacionalismo pretende rematar el muro que ha ido construyendo en Cataluña para dividir definitivamente a los catalanes y al resto de españoles. Precisamente, la campaña Yo también soy catalán, puesta en marcha por UPyD contra el ataque secesionista a la libertad y a la igualdad de los ciudadanos, se apoyó en un vídeo en el que se recordaba el levantamiento del muro de la vergüenza y la frase que John Fitzgerald Kennedy dijo en el Berlín dividido unos meses después: "yo también soy berlinés".
Cuando se levantan muros para separar a los ciudadanos, a las familias, a los amigos, es el momento de decir:
Yo también soy catalán
Editorial de UPyD El 9N y el muro de la vergüenza
Es posible que el 9 de noviembre haya urnas en Cataluña. Lo que es seguro es que no habrá democracia. El nacionalismo es un conjunto de prejuicios, tópicos y mentiras convenientemente articulados para el beneficio de una élite. La democracia nunca ha tenido más que una relación tangencial e instrumental con el nacionalismo (y esto, en el mejor de los casos). Quedaría muy mal, en este siglo y en esta Europa, formar una milicia, imponer la ley marcial y proclamar una monarquía absoluta, un califato o el Reich de los mil años. Así que la estrategia es típicamente populista: disfrazan sus abusos de democracia mediante la exhibición de su símbolo más reconocible: la urna. Urnas de cartón para una consulta de cartón. Sin censo, sin garantías, sin vergüenza.
El Gobierno ha hecho lo que debía recurriendo la consulta inicial y el simulacro posterior. El fraude de ley era evidente. Sin embargo, dada la responsabilidad del PP en el hecho de que hayamos llegado hasta aquí, es legítima la desconfianza hacia el Ejecutivo. ¿Estará Rajoy a la altura del desafío? De momento, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ya pareció abrir una vía de escape al sugerir que las furezas de la ley no podrían intervenir si la consulta verbenera (butifarréndum le llaman) la organizase una asociación sin que participara el gobierno autonómico catalán. Esto es tanto como soplar a Artur Mas de qué manera puede finalmente llevar a cabo sus despóticos propósitos. La connivencia de la Generalitat con la ANC y otros puntales del secesionismo autoritario no puede ignorarse.
Mas está prevaricando. Está buscando la forma de burlar la ley. Su intención no es sustituir una consulta democrática (nunca lo fue) por una verbena. Su único objetivo es hacer algo que parezca democrático para salirse con la suya. Ignorar esta realidad sólo puede interpretarse como una forma de eludir la responsabilidad de los poderes públicos. En los juzgados se encuentra la querella de UPyD contra Mas por prevaricación, desobediencia, malversación y otros delitos. Está en manos de la justicia, de la fiscalía y del Gobierno garantizar que semejante desafío recibe el castigo que merece. Si exigimos que no haya impunidad para los corruptos, cuánto más para un acto de corrupción de la magnitud y las consecuencias que tendrían la ruptura de la Constitución, del Estado y, en definitiva, de la democracia española.
Da la casualidad de que el 9 de noviembre se cumplen 25 años de la caída del muro de Berlín. Los comunistas llegaron al poder en la Europa del este mediante elecciones manipuladas y técnicas de control social. Resulta irónico que el mismo día que celebraremos el colapso del comunismo, los nacionalistas quieran rematar el muro de la vergüenza que empezaron a construir tras la muerte de Franco. Su último ladrillo sería una urna de cartón. Es la obligación del Gobierno de España evitarlo con los instrumentos legales a su alcance. De ello dependen la libertad, la igualdad y el bienestar de 46 millones de españoles, y entre ellos, especialmente, el de 7 millones de catalanes.
Felipe Córdoba (UPyD Alhaurín)
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