
Debemos de tener clara una cuestión cuando nos referimos a educación. El sistema educativo es el garante del sistema social que tenemos o del que queremos tener. Ahora mismo tenemos una educación basada en los criterios de una sociedad “individualista, competitiva, productiva, buscadora del crecimiento sin medida”. Esto es, basada en el “¿qué capacidades tienes?” Pues tanto vales.
Al educarnos en este lenguaje y actitudes, en este “pensamiento” que inunda todos los aspectos de la vida, influimos sin duda en la escuela, donde los niños y niñas son clasificados/as antes de entrar, y los/as “no capaces” son apartados/as como si el único valor de las personas fuera ese.
Se vive esa actitud “capacitista” en todos los contextos. En la calle se da más importancia al que va en coche que al que va andando y a este se le valora más que al que no puede ir saltando escalones (niños, ancianos...). En el deporte, que ha nacido del “juego”, tan importante para el desarrollo infantil porque es su motor de aprendizaje, la forma natural de asimilar conceptos que de otra forma serían como mínimo aburrido o complejo de aprender (matemáticas, lenguaje, música) y es a la vez práctica de valores humanos como inclusión, comprensión, compañerismo, cooperación, etc., ese juego se ha convertido en “lucha”. Lo importante no es jugar sino ganar o vencer al otro y para ello, por supuesto, se elimina al que no da la “talla” con lo que se enseñan los valores antagónicos a los que he nombrado.