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Punica Granatium | | Juan José Mestanza García. 30.10.14 | | Dicen que al principal cabecilla de la bien llamada “Operación Punica
Granatum” incluso le llevaban marisco en helicóptero cuando estaba de
cacería por los campos de España ¿Pero se puede ser más cutre? A mí lo
que me preocupa es, que ese hombre no se dé cuenta de que comer tanto
marisco es malo, y puede enfermar de gota. Yo le recomendaría, como
hacen todos los médicos, que cambie a la dieta mediterránea, a los
guisos de la abuela -a la que él y sus adláteres, por otra parte, han
dejado en bragas y con la pensión al raso-, pero desde luego no hay nada
como unas buenas lentejas, garbanzos, o como decía el buen Sancho a su
señor don Quijote cuando éste le dijo: | -Bien se parece Sancho, que eres villano y de aquellos que dicen: “¡Viva quien vence!” -No sé de los que soy –respondió Sancho-; pero bien sé que nunca de ollas de Basilio sacaré yo tan elegante espuma como es esta que he sacado de las de Camacho. Y enseñóle el caldero lleno de gansos y de gallinas, y asiendo de una, comenzó a comer con mucho donaire y gana, y dijo: -¡A la barba de las habilidades de Basilio!; que tanto vales cuanto tienes, y tanto tienes cuanto vales. Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener; aunque ella al de tener se atenía; y el día de hoy, mi señor don Quijote, antes se toma el pulso al haber que al saber: un asno cubierto de oro parece mejor que un caballo enalbardado. Así que vuelvo a decir que a Camacho me atengo, de cuyas ollas son abundantes espumas gansos y gallinas, liebres y conejos; y de las de Basilio serán, si viene a mano, y aunque no venga sino al pie, aguachirle.
A lo que iba, tanto marisco tiene que ser nauseabundo, porque además iría acompañado de buenos caldos castellanos, y tener después que volver en helicóptero… seguro que alguno vomitaría patas de cangrejos, centollas o vieiras poniendo perdido al abnegado piloto y su aeronave, por lo tanto: nauseabunda la cacería. Es que hoy cualquiera es cazador. Antes los cazadores llevaban un bocadillo en el morral y como mucho una bota de vino, llámesele: peleón ¡Eso sí que era un manjar al que había que rendirse después de una buena caminata! Pero es que antes el vino era sólo vino, y hoy como todo ha evolucionado tanto, al vino le han puesto nombres como: gran reserva, reserva, crianza, roble, y no sé cuántas cosas más, y ¡claro! los nuevos ricos, que como usted y yo, de lo único que sabemos de esos caldos es que los hay oscuros y claros, pues siempre eligen el más caro y que tenga un nombre aristocrático como Marqués de… o Señorío de tal… que eso da mucho lustre; y en vez de caminar persiguen a las presas en aparatos voladores que siempre será menos cansado para los que sufren de gota. Toda va cambiando. ¡Estos pillastres! que no es que sean malos, porque lo que han hecho ellos dice la gente que se lleva haciendo toda la vida en todas partes, total por unos durillos de ná. Lo que pasa es que ahora “sa juntao tó de golpe y nos tamos preparaos” y se habrán dicho que para qué esperar, total por uno más quién se va a dar cuenta, han visto el orondo caldero lleno de gansos, conejos y conejas con tanta espuma saliendo por los bordes, y el hambre que dan las cacerías, que han metido la mano sin darse cuenta de que aún estaba hirviendo el caldero.
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