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La marca y el marco de España | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 25.10.14 | | ¡Mire "usté, zeñorito", qué cuadro! Esto lo podemos decir más de uno en estos "días grises (que no ‘azules’) de nuestra infancia", adolescencia y madurez. El cuadro nos presenta un óleo que huele a pintura añeja, con una escenografía que ya no se la salta ni el galgo de aquel pintor conocido como "El Bosco". Los bocetos de la propia picaresca ya han sido superados. Cada uno se la pinta como puede, y si es que en esta España, cuando no gotea, chorrea, ya tendríamos que estar ahítos de pintura. ¿Qué cuadro nos legaría hoy Picasso? Pero ahora no estamos hablando de los artistas ni de los pintores de brocha gorda, sino de los que se la pintan que es un primor. La marca España, con una "ñ" original y de ñandú de cuando aprendíamos a leer en la Enseñanza Primaria, está que se sale por los cuatro costados, pero por los nuestros nos la pueden clavar en cualquier momento. Y lo que es peor es que parece ser que la gente, a veces, por el maltrato de la Dictadura y de la Transición y de la Democracia tan real y española ella, está más acobardada de lo que podemos sospechar, y ya no mira para otro lado, sino, como el ñandú o el avestruz, mete la cabeza en el agujero de sus vidas para ver si pasa el nublado.
| España es sorprendente, porque cada día que pasa nos sirve una buena sorpresa. No salimos de un asombro, cuando ya estamos con todas las neuronas en ristre para otro nuevo. Es que la creatividad española parece no conocer límites, como les sucede a las tarjetas "oscuras" que han campeado por nuestra querida geografía. ¿Qué nos cantaría, hoy, la cantante Cecilia de nuestra "querida España"? ¿Cuál sería su "cante" en estos días? Hoy sabemos que en este cante no participamos todos. Y además, lo que está en danza es nuestra propia marca. Todo sea por la marca. Las marcas suelen dejar huellas; sin embargo estamos ya sospechando a quiénes pisotea y maltrata la marca España. Cuando más de uno ha ido a un cajero y ha metido la tarjeta opaca hasta la misma empuñadura, más de uno hemos pensado que la sangría no era una broma. Lo que pasa es que, como las tarjetas eran verdosas y del cajero salían los billetes verdes y los violetas, parecía que se trataba de una terapia ecológica, porque nos sobraba belleza gansa para repartir. Un compañero nuestro nos contó que, una vez, tuvo un alumno que no iba muy bien con los estudios, pero que cuando terminó la escolaridad Primaria, se pegó a un tío suyo, que llevaba un negocio de tragaperras, y el chaval, desde joven, ya ganaba mucho más que el maestro. Ahora no, ahora resulta que algunos que estudiaron en Colegios de élite no tenían por qué conocer la "Educación para la Ciudadanía" ni por el forro. La estética del cuello blanco y el traje impoluto de marca han dejado inerte a la ética del país, que está en manos de los mejores, de los "aristó-cratas", el "espejo de lo que somos". (No olvidemos el calambur de este eslogan de la santa Comunidad de Madrid: “Espe jode lo que somos”) Ya se quedan en pura anécdota los bostezos de los padres de la patria en el mismísimo funeral del expresidente Suárez. Nos suenan a profecía sin importancia aquellos versos premonitorios de Antonio Machado: “Ya hay un español que quiere / vivir y a vivir empieza, / entre una España que muere / y otra España que bosteza. Españolito que vienes / al mundo, te guarde Dios; una de las dos Españas / ha de helarte el corazón”. España, un país con muchas costas, no podía dejar pasar la ocasión de que unos pocos supervivieran a costa de todos. Lo importante es convivir, pero es peligroso que no nos dejen vivir a costa de sobresaltos y malos ratos y miserias varias. Porque todos tenemos nuestro corazoncito, todos tenemos derecho a que nos funcione bien. Los que no lo tengan vayan pensando que no les vendría mal una temporadita a la sombra no sea que se les achicharre también el alma. Lo dicho, "zeñorito", que el país del que “usté” nos habla está "pa" ponerle un marco.
Josemª |
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