logo

Tu diario. Libertad de expresion

Buscador de alhaurin.com Telf. de interés Normas de alhaurin.com Hemeroteca Todas las carpetas de alhaurin.com
Al pie del cerro de la Virgen de la Cabeza
Francisco Miguel López Jiménez. 24.09.14 
Corre el año dos mil catorce de la era de nuestro señor Jesucristo y la fe se tambalea en algunos devotos creyentes en Dios y en la iglesia católica apostólica romana. Había sido nombrado papa de la santa iglesia y jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano, en Marzo de dos mil trece, del año pasado, el argentino nacido en Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio que,  adopta el nombre de Francisco, para su papado. Parece ser que muchos cristianos practicantes han acogido, extraordinariamente bien, a este nuevo papa. Restaurador del modelo eclesiástico e innovador de la fe. Elegido tras la renuncia del anterior papa Benedicto XVI. Eladia es una mujer arraigada a las costumbres religiosas, así ha sido educada. Bendice la mesa en todas las comidas, incluso en el tentempié de media mañana. Igualmente da gracias a Dios por el té de las cinco de la tarde, aunque no lo acompañe con algunas pastas y deben ser siempre sin gluten y sin azúcar, pues es diabética crónica. 
No se acuesta, ni un solo día, sin rezar sus oraciones. Hasta en la siesta después de las comidas reza un rosario completo, con todas las salves, las avemarías y los padres nuestros, antes de dar una cabezada. Es dada a encomendarse a las ánimas benditas, en repetidas veces a lo largo del día. Tiene la costumbre de poner velas e incienso todas las mañanas, en un meticuloso ritual, frente a una estampa,  enmarcada en plata, del sagrado corazón de Jesús.
Es morena natural, de ojos negros y mirada triste. Casi siempre lleva puesta una felpa en el pelo a juego con el vestuario. Se siente jovial y hermosa a sus treinta y ocho años. Acude a diario a misa de ocho de la tarde. Forma parte de la cabecera de mujeres beatas que llevan a cabo el rezo del novenario, para difuntos, en todos los fallecidos del pueblo, desde muy pequeña.
-¡Ave María purísima!- dice- ¡Sin pecado concebida!- le responden.  A continuación se santiguan todos los presentes a la novena de difunto y Eladia pronuncia las palabras sagradas: -En el nombre del padre, del hijo y del espíritu Santo, Amen- y continúa diciendo- Este rosario lo ofrecemos en el eterno descanso del alma de nuestro hermano fallecido, José Francisco Cañada y Cañada, en los brazos de Jesús- Volviéndose a santiguar todos.
Así comienza el rosario y tras unas palabras dedicadas al muerto y, otras, por la salvación del alma, para que el señor lo perdone y acoja en su reino celestial. Da entrada al primer Credo.
Se confiesa a Reynaldo, párroco de Santa Inés, antes de que empiece la misa y comulga como buena feligresa cristiana. A pesar de que la ley eclesiástica, en el año mil novecientos ochenta y tres, no menciona ni propaga llevar el velo en la misa, queda pues, como  una tradición venerable y no obligatoria. Aún así ella es de formación antigua y quiere ir, en recogimiento, a la casa de Dios y lo lleva puesto.
Todo, en Eladia, es sumisión y dedicación, tanto a Dios como a Pedro, su marido. Son las dos únicas cosas en la vida a las que le consagra el tiempo. Desde que el sol aparece por el primer tejado del pueblo, rociándolo de luz brillante, ya está despierta y levantada. Después de encender la vela y murmurar unos rezos entre labios prepara el desayuno, para Pedro.
El hombre está empotrado en la cama desde hace más de siete años. Tiene paralizado de cintura hacia abajo el cuerpo. Con la movilidad muy reducida en los brazos y manos, por lo que, no puede agarrar ningún útil y, tampoco, sostenerlo. Eladia se encarga de darle a mano la comida, cambiarle las bolsas de los residuos y asearlo.
Pedro tiene el físico muy agradable, su aspecto se asemeja, en parecido, a Rock Hudson. De pelo con iluminación brillante y ojos acaramelados.  Mentón pronunciado con labios carnosos y sensuales. Siempre se ha comportado como un hombre atrevido e intrépido en la moto. Nunca se ha sometido a prohibiciones de circulación ni a límites de velocidad. Ha sido dueño del asfalto y Dios de sus propios modales.
En la mirada se refleja la resignación y la derrota. Aunque el calor de Eladia lo mantiene esperanzado y no se rinde. Desprende tanta dulzura la mujer que lo ilumina y empuja a continuar luchando.
Hoy es un día como otro cualquiera, Eladia ha asistido a misa de ocho, ha confesado y comulgado, como de costumbre. Le apetece caminar un rato y se dirige al cerro de la Virgen de la Cabeza. Desde Santa Inés hasta el  santuario hay demasiada caminata y se ha cansado. Llega hasta la cruz al pie del cerro y se apoya en ella. Cientos de pensamientos bullen en su cabeza, a cual más quebrado y triste. Mira hacia arriba, a la iglesia, y deja la mirada fija en la torre del reloj.
Por un momento, piensa y reza, con las peticiones concretas en el interior de su mente.
-Si lo pones bien, Señor, te prometo que iré a ti, hasta la puerta de tu iglesia, andando de rodillas. Iré desde el pie del cerro, por el terrizo de toda la cuesta, hasta el primer peldaño de los escalones de la puerta pequeña. En uno de los laterales, la de la reja en la ventanilla.  Mientras camino postrada, en mi plegaria, te iré rezando el rosario. Me acordaré de esas otras mujeres que ya lo han recorrido anteriormente y han sangrado dichosas por tí.
Una vez concluida la promesa, Eladia vuelve a casa, junto a su marido. No le cuenta nada de la petición hecha a Dios. Sabe que a Pedro no le agradan esos rituales, no es creyente, aunque la respetó siempre. Son dos mundos distintos en sus formas de ver la vida, ella recatada y simple. Él orgulloso, presumido y nada temerario.
Pasan las semanas y la vida discurre sin novedad ni contratiempo, monótona y repetida hasta el hastío. De casa a Santa Inés, de Santa Inés al rosario y del rosario de vuelta a casa. Qué acontecimientos tan innovadores en los días melancólicos de Eladia. En una de esas idas se tropieza con Lola, amiga desde la infancia y compañera de instituto. Casualmente el encuentro es en la puerta de la Administración de apuestas del Estado. Tras el ritual del saludo, con el beso adecuado, la amiga decide entrar en la administración de loterías. Eladia la acompaña por inercia instintiva.
-Deme usted ese que termina en veintisiete- pide al lotero y señala el décimo con el dedo. Este le ofrece el mismo número a Eladia. Ella titubea un momento, pero al final se lo queda. Tras la despedida, se repite la misma escena, el beso y cambian el hola por adiós.
Pasa la semana con la misma lentitud de las mantis. Suena el inusual timbre del teléfono y al otro lado del cable, Lola, la amiga.
-¡Nos ha tocado la lotería¡- grita desmesuradamente –¡Que nos ha tocado¡- repite una y otra vez sin dejar de chillar.
Eladia aparta el ori cular de la oreja, para que no le rompa el tímpano. La amiga vocea demasiado fuerte.  Después de informarla, al final, ambas quedan en encontrarse en la puerta de la administración. Tras confirmar el acierto afortunado, las dos mujeres se dirigen al banco más próximo que, coincide, ser el mismo banco de las dos. Tienen allí sus cuentas ordinarias.
Son tres millones de euros la cantidad agraciada al número de  serie  del número premiado. El  mismo que Eladia tiene en  las manos, temblorosas, por la sorpresa. El corazón le palpita a todo ritmo, pero tiene las ideas muy claras, para qué va a destinar el dinero. El capital queda ingresado en la cuenta común del matrimonio, excepto, medio millón que ingresa en una cuenta, independientemente, a su nombre.
Realiza los trámites necesarios, para la admisión de Pedro en la mejor residencia de día del pueblo. La más costosa y mejor atendida, sin límite de atención al paciente. Un sanitario, un médico, dos auxiliares, por cada tres habitaciones y la más delicada lencería. Eladia firma el ingreso y la orden bancaria, para el pago mensual de la residencia. Lo más difícil es preparar al marido, para convencerlo. Tiene que hacerle comprender que la atención y cuidado que va a recibir son dignos de un rey. Ella estará siempre apoyándolo. Después de todo, a Pedro no le resultará difícil, ya que, duermen en distintas habitaciones desde el accidente.
Todo está listo y preparado, para el traslado y los nervios afloran.  Ha llamado a un taxi por teléfono, para seguir a la ambulancia de la residencia.  Pedro lo ha entendido y piensa que un cambio puede hacerle bien. Tampoco se aleja al fin del mundo, está en el mismo pueblo, uno cerca del otro. Una vez en la habitación de la residencia, Eladia deposita un beso tierno en la mejilla de Pedro, hay tanto amor que parece una despedida forzada, inevitable.
Unas lágrimas de tristeza resbalan por las mejillas, brotadas de los ojos acaramelados del hombre. En todos estos años es la primera vez que duerme fuera de su casa.
Eladia se aleja por el pasillo, altamente, iluminado, sin mirar atrás. El mismo taxi la espera en la puerta. Se sube al vehículo de servicio público, el taxista cambia el taxímetro de ocupado por sin servicio. Se apea del coche y sube a la parte trasera junto a la mujer. La rodea con sus brazos, para darle protección y ánimo. Eladia cierra los ojos y deja entrever una leve sonrisa de paz, de descanso, de liberación.
-Dios te ha escuchado- comenta Manolo, el taxista. Y añade- Después de tantos años, escondidos, ya somos libres- y le deposita, afanosamente, un beso en la boca.
Francisco Miguel López Jiménez
Esta noticia ha recibido 890 visitas       Enviar esta noticia



<-Volver

Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los alhaurinos a expresar sus opiniones en este periódico digital. Alhaurin.com no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor. Envíe su artículo o carta a: redaccion@alhaurin.com
Alhaurin.com Periódico Independiente - Alhaurín de la Torre - Málaga. Dep. Legal: MA-1.023-2000. Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet. Director: Alejandro Ortega Navarro. Fundador: Federico Ortega. 678 813 376

Webs que alojamos:

15969431
visitas desde nov. 1998