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Violación sexual y de derechos | | Estela Martín. 24.08.14 | |  En estos días estaba intentando aclarar y poner en orden mis pensamientos para poder escribir sobre la relación entre vulnerabilidad y universalización de los derechos, cuando… ¡hete aquí que ocurre el caso de la chica –violada- en Málaga!. Sentencio así porque si no lo ha sido de una manera lo ha sido de otra, dado que si fueron relaciones consentidas (lo siento, pero tengo serias dudas), si se lo pasó tan estupendamente como aseguran los cinco protagonistas masculinos y los testigos, ¿cómo es que la patrulla de policía se la encuentra llorando? Puestos a inventar, ¿por qué cuenta esa historia y no otra…? Afirmo que fue violada y con ella todas las mujeres por las declaraciones de Francisco de la Torre (Alcalde de Málaga) anteponiendo en ellas, siempre bajo su criterio, lo colectivo frente a lo individual; sacrificando la imagen de una mujer frente al perjuicio que supuestamente podría ocasionar a la imagen de seguridad de la feria y con ello al negocio malagueño. Con su discurso, el Sr. Alcalde estableció la escala de valores que se debía tener en este asunto: cualquier cosa antes que dañar la feria. Y el imaginario colectivo hace el resto. Pasamos a la fase de “descrédito” y repartimos una porción a todas las mujeres. | Supongamos que el relato de la chica es inventado por no se sabe
qué oscuras razones. Si hay mujeres que usan ese tipo de calumnia
contra algún hombre es la defensa del que se sabe vulnerable, es la
piedra que lanza David a Goliath.
Esa imagen, del hombre pisoteador y violador de mujeres o de cualquier
cosa que se mueva, ha sido creada por él mismo precisamente para
“educar” dejando claro y patente quién posee el poder. Si no se hubiera
creado esa imagen del hombre, nunca hubiera podido ser usada en su
contra como boomerang que al ser lanzado vuelve al lugar de origen.
Sí, estoy de acuerdo con el Sr. Alcalde en que es cuestión de
educación, pero esta no se encuentra únicamente en las aulas. También
se educa fuera de ellas, y sobre todo, la dan nuestras actitudes
cotidianas y las que surgen en situaciones imprevistas como está, en
las que afloran nuestros pensamientos sin un gran control previo y que
tanto dicen de nosotros mismos.
Todos estos sucesos lo que
dejan claro es que la vulnerabilidad la produce la desigualdad en
derechos. Si las mujeres no hubieran recibido, ni recibieran el trato
de “objeto” en lugar del que les corresponde como seres humanos que no
es otro que el de “sujeto”, es decir de “igualdad”, ni habría
violaciones ni habría engaños ni apaleamientos colectivos.
Los
derechos, y con ellos la dignidad, son universales y mientras no se
pongan en práctica seguiremos por mal camino. Le toca a nuestros-as
gobernantes y políticos-as ponerse a ello sin dejar resquicio por donde
se puedan escapar.
“Nunca es tarde si la dicha es
buena”,
Estela Martín Martín
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