"Quejoncete era un ratoncito muy listo, de bigote tieso e ideas fijas. Pronto aprendió que sus padres para hacerle feliz, le daban todo lo que pedía cuando estaba triste. Quejoncete empezó a inventar quejas y más quejas: 'mamá las lentejas saben a quemado, quiero un huevo frito', 'me duele el brazo, no puedo cargar yo solo con el barril de agua, 'la profesora me tiene manía'. Ensayó y ensayó hasta aprender a llorar cuando quería o a gritar hasta quedarse afónico o patalear hasta dejarse rojo los tobillos. Pasó el tiempo y Quejoncete sin darse cuenta empezó a creer que su tristeza era real..." |