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Cadena de favores | | Estela Martín. 03.08.14 | |  Últimamente he recordado una película del año 2000. Trata de un niño que decide poner en práctica una idea que se le ha ocurrido para salvar al mundo y al ser humano de la maldad que impera. Su idea es crear una “cadena de favores”. Ese es el título y de eso va la película: te hacen un favor y te toca hacer tres. Con ello se va creando una red de gente agradecida. De entrada, y con el pensamiento inocente de un niño puede resultar, pero al detenerte a analizar te das cuenta de varias cosas. Por un lado está convirtiendo en favores lo que son “derechos ciudadanos”, con lo que se está cayendo en las turbias aguas de la “caridad”. Esta, con “dignidad” y “derechos”, no conjuga demasiado bien; otra es que esa red de gente agradecida y que funciona por favores cae en otras más que turbias aguas, en el puro fango de la “corrupción”. ¿Qué es si no el caso Gürtell?, ¿O el caso Nóos?, ¿O el más reciente caso Pujol? Y tantos otros… casos de “intercambio”. | En vez de hacer política, es decir: “salvaguardar y hacer cumplir o crear los mecanismos necesarios para llevar a cabo los derechos ciudadanos y con ellos, la dignidad de estos”, se han dedicado a hacer una red de barrigas agradecidas. Lo perverso es que al fomentarse en todos los estamentos sociales se ha admitido y asumido como algo natural y escuchas frases como: “es que las cosas son así”, “es que todos son iguales”..., con lo que ya estás derrotado antes de empezar. Nos han hecho caer en un victimismo consentido por todos y con él en una inmovilidad justificada que nos hace rebeldes sólo delante de una caña de cerveza y acompañados de la panda de amigos. Hemos perdido el deseo de romper esquemas y de meter la punta de lanza entre los engranajes de las ruedas del sistema que nos ha llevado a donde estamos.
Con la crisis, algunos se han despertado de la profunda siesta de sofá provocada por la cantarina nana que les ponía la tele. A otros nos despertaron hace tiempo con unos cuantos sopapos en plena cara. Pero debe alegrarnos que cada vez seamos más los despiertos. Aunque debido al sobresalto y después de tanta somnolencia, estén un poco despistados, sin saber por dónde tirar, y lo más seguro que pensando: “¿Cómo no nos hemos dado cuenta?, ¿Cómo hemos perdido tanton tiempo?, ¿Cómo los hemos dejado hacer tanto daño?”. Sea como sea, bienvenidos al club de los despiertos.
Estela Martín Coportavoz de Electores Equo
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