La calle Clipper es una de las calles que componen la urbanización Retamar. Siempre me llamó la atención porque era y es, una hermosa calle de chalés con jardín, tranquila y sin apenas tráfico que tenía una característica especial que la hacía cautivadora. Cuarenta y nueve tipuanas, un tipo de acacias, un árbol corriente, sin valor botánico y no protegido, muy habitual en las calles de Málaga que tiene un desarrollo rápido y que no es preciso cuidarlo mucho, pero que en esta calle, por la altura alcanzada en el transcurso del tiempo, formaba un hermosísima bóveda verde que daba frescor a la calle, sombra reparadora en los meses de verano y un realce que procuraba un auténtico placer al pasear por ella, por su sombra y por la estampa de miles de flores amarillas que florecían en la primavera.
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Sembrados en perfecta hilera, seguían la trayectoria de la calle a uno y otro lado como centinelas alegres que dejaban caer sus hojas en otoño para que pasaran los rayos del sol y, cuando empezaba el calor en primavera, florecían vigorosamente para procurar una sombra refrescante. Hoy, de esos cuarenta y nueve árboles no quedan ni una decena. ¿Qué paso?. Algunos, cuatro o cinco , daban problemas a las casas colindantes. Habían sido plantados a poco más de un metro de los muros y sus raíces se adentraban en jardines, incluso uno de ellos, mas voraz que los demás, se metió en la tubería de saneamiento de una vivienda y la cegó. Con toda razón, estos vecinos afectados comenzaron a quejarse. La tipuana es un árbol considerado ‘sucio’, de hoja caduca, florece mucho y cuando llega la época otoñal sus hojas y flores caen y deslucen los jardines. Como casi todos los árboles de estas características. Nada problemático que no arregle una buena poda de vez en cuando. Esa es su característica y esa fue posiblemente la causa de su fallecimiento. Hasta aquí todo estaba dentro del orden que rige la propia naturaleza. Pero entró la política por medio y firmaron su sentencia de muerte. Finales de 2003 a la vista unas elecciones, las generales de 2004, y las quejas de los vecinos eran constantes. Que si eran muy sucios, que ensuciaban los coches aparcados y los jardines, que estaban muy cerca de las casas y sus raíces afectaban a los muros de los chalés. Ante esta protesta vecinal, el PSOE viendo la oportunidad de aprovechar esta demanda, exigió que se talaran de forma indiscriminada todos. La Asociación de Vecinos puso el grito en el cielo, ¿como se iban a talar 49 árboles de la calle mas bella de todo Retamar?. Si bien es cierto, que una media docena de ellos era necesario cortarlos, ¿por qué quitarle la vida a los demás?. Una lucha sorda puramente política que alcanzó la máxima expresión de la hipocresía cuando el PSOE presentó una moción al Pleno exigiendo que se cortaran. Aparte de los argumentos antes citados, aportaba un argumento tan peregrino como que no dejaban pasar la luz de las farolas. El Equipo de gobierno se negó a esta proposición socialista y votó en contra de la tala indiscriminada que proponía el PSOE y tras un estudio realizado por los servicios técnicos de medio ambiente, solo autorizaba a cortar los que verdaderamente fueran necesarios. ¿Qué hizo Izquierda Unida?. Se abstuvo. Los que siempre van reivindicando la defensa del medio ambiente, los defensores de la naturaleza, de los árboles, de la vida, no salieron a defender la subsistencia de los árboles de la calle Clipper. Demasiados vecinos en contra. La Sra. Ávila no dijo ni palabra, se lavó las manos contra aquel arboricidio. Ni recogida de firmas, ni mociones ni contenciosos. La presión vecinal contra el ayuntamiento fue constante y tras muchas demoras e intentos de hacer entrar en razón a los vecinos, al final se decidió salomónicamente que quién tuviera un árbol en la puerta de su casa, bajo su responsabilidad y por escrito, solicitara al ayuntamiento que lo talara. Se esperaba que la cordura les salvara la vida, pero el miedo a que produjeran futuros daños o el egoísmo de salvaguardar la limpieza de sus jardines triunfó. Las consecuencias ahí están, apenas quedan una decena. Hoy, con el tema de los árboles de la mediana de Pinos, la posición de estos dos partidos es distinta. Hoy son fervientes defensores de los árboles y la naturaleza. Yo, como vecino de Pinos de Alhaurín me hago la siguiente pregunta. ¿Si esos árboles de la mediana estuvieran cerca de las vallas de las casas como los de la calle Clipper?, ¿habría tanta oposición a su trasplante?. ¿Si en vez de estar donde están, si sus ramas sobrepasaran las vallas y deslucieran y ensuciaran jardines y piscinas?, ¿Seguirían vivos?. Seguramente que no. Hace tiempo que el PSOE o IU habrían solicitado que se retiraran. Si existe un grupo de vecinos que manifiestan una oposición al equipo de gobierno, no se miran consecuencias, ni se analizan razones, ni porqués, ni tampoco si es necesario o no lo es, lo importante es desgastar al adversario político, aunque al final paguen las consecuencias de esta estrategia los árboles. En toda guerra, y la política lo es, siempre hay daños colaterales. Pobres árboles de la calle Clipper que no pudieron defenderse.
Luis Bravo |