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El Trastorno de Déficit de Atención (Política) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 29.06.14 | | Aunque muchos duden, los maestros asisten a cursos de formación, dedican gran tiempo a lecturas que puedan mejorar su actividad profesional, trabajan en equipo para poder aumentar sus conocimientos y mejorar sus didácticas... Una vez más hemos asistido a unas jornadas sobre el Trastorno de Déficit de Atención. Hemos recordado algunas cosas y hemos ampliado nuestro horizonte de trabajo y hemos abierto nuestra actitud, aun más si cabe, para poder estar al loro de los casos, en crecimiento, de trastornos de falta de atención de muchos y muchas escolares y estudiantes. En principio, nos hemos dado cuenta de que España sigue siendo un desierto en Psicomotricidad, tanto clínica como escolar. Echamos de menos esta actividad transversal, y a la vez preventiva, para poder reducir trastornos que van aflorando sobre el terreno, a veces inculto, de la Educación. No nos podemos contentar con cuatro oasis de Psicomotricidad en la Educación Infantil. Debido a la dejadez de la conciencia de que el erial es favorecido en su avance por el abandono y falta de cuidados, la Educación ha sido condenada a su suerte. La intemperie no es el mejor atuendo para todas las inclemencias del tiempo y, sobre todo, en los tiempos que nos ha tocado vivir. | Como vemos, debido a que nunca se ha tenido presente que la Educación fuera una labor efectiva y eficaz (como les gusta decir a muchos políticos), el pueblo (“demos”) ya se ha dado cuenta del endémico (de “demos”) trastorno del “déficit de atención política” que sus señorías le han demostrado franca y realmente ya a su propio pueblo. Sin ningún criterio serio, la sensatez ha sido defenestrada hace tiempo, y, como niños pequeños que echan la culpa al de enfrente o, incluso, al de al lado, sus Señorías se han recluido en sus torres de marfil, que han convertido en una babel que ya nadie entiende. Es verdad que intentan disculparse, pero casi siempre echando la culpa a los demás. Toda esta distrofia lo único que consigue es alimentar la confusión y la desafección del pueblo hacia su “propia” clase política. España se ha convertido en un inhabitable patio de vecinos en el que se cotillea mucho y se dialoga poco, un patio de colegio en el que se discute más que se juega. En vez de escucha activa, se contesta por pasiva, como pacientes que tienen que reaccionar ante una agresión vital. La única vida que sale de sus bocas es el insulto, el bostezo, el gesto de desprecio y no la palabra oportuna que purifique y revitalice el ambiente. Esta atmósfera enrarecida les provoca que estén afectados por el trastorno de déficit de atención (TDA) política hacia su pueblo, que se siente relegado y, a veces, ninguneado. Pero, como en toda tarta o pastel, a veces, no puede faltar la guinda, y que, en este caso del Trastorno de Déficit de Atención (política), la guinda es la hiperactividad. Así, ya tenemos el diagnóstico perfecto y completo: Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (política y económica). La guinda se ha quedado con todo el cromatismo que le pertenece al rojo vivo y ya nadie se sonroja de la hiperactividad económica de muchas de sus señorías y adláteres, que parecen seguir la consigna, como si de un deber sacrosanto se tratara, de “coge el dinero y corre”. La hiperactividad del pelotazo ha tomado posesión de sus reales sitios. Lo único que nos queda es saber si podremos contar, al menos, con los enseres democráticos de este guiso y desaguisado político que se ha cocinado en estos años de transición, y poder cocinar algo para alimentar nuestra devoción política, que todavía no sabemos si nos puede llevar a alguna parte, más transitable.
Josemª |
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