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Las legionarias

Álvaro García Andrade. 01.12.06 

Se ha hablado y se ha escrito mucho sobre la Legión, sin embargo, yo quiero seguir resaltando su sentido social y algún aspecto que no ha salido a la luz. Al hablar de las legionarias no me refiero a las mujeres que hoy están alistadas a este Cuerpo, visten su uniforme y prestan su servicio exactamente igual que los hombres. Me refiero y hablo de los años cuarenta y tantos, cincuenta, a aquellas mujeres que acompañaron a los hombres de la legión en los cuarteles y destacamentos asentados en el protectorado de Marruecos. Hay que resaltar que en unas circunstancias sociales religiosas muy diferentes de las actuales, eran mujeres con unas fuertes y decididas personalidades rompiendo muchas normas y muchos tabúes. Mujeres que se unieron a los legionarios y formaron pareja allá cerca de los distintos acuartelamientos de los Tercios.


Estas parejas de hecho, vinieron de los muy distintos ambientes e incluso nacionalidades y fueron el producto de una arrancada, de una decisión fuerte que las llevó a unirse. Estas uniones se transformaron muchas veces en matrimonio, de acuerdo con las normas y ritos religiosos. Antes saltaron por tremendos y grandes inconvenientes. Fueron mujeres de recio carácter que dejaron sus pueblos, sus ciudades y se unieron por amor a un hombre, que había aparecido en su vida, o volvió a reaparecer o simplemente fue un nuevo conocimiento. Militarmente se casaban estas parejas de hecho, dándoles un pase para que a las horas libres los legionarios pudieran abandonar el acuartelamiento y dirigirse a algunos de los poblados civiles cercanos donde habitaban. Estos poblados estaban constituidos por casas matas, modestas y sencillas.

Estas mujeres habían dejado su pueblo o la ciudad, la familia, incluso marido, etc. Llevaban una vida tranquila, austera, acompañando a sus hombres y sufriendo la dureza de la vida militar. Hay que tener en cuenta que los hombres a menudo tenían ausencias por marchas, destacamentos, servicios, etc. Nuestras “legionarias” dependían totalmente de la vida militar de sus parejas y las hacía estar unidas y querer a la Legión. Quiero resaltar que aquellas parejas de hecho o matrimonios tenían una consistencia y una continuidad que no se podría en principio pensar que pudiera darse, por su formación heterodoxa totalmente y verdaderamente revolucionaria en su época.

Puedo contar una pequeña anécdota indicativa. A la vuelta de unas maniobras en España de una bandera, más de 18 mujeres vinieron unidas a sus hombres. El paso de la frontera de España a Marruecos se hizo escondidas en arcones de las armas pesadas o disfrazadas con monos o camufladas entre la tropa.

Había en los acuartelamientos otras legionarias de estilos distintos a las que he comentado, me refiero a las que ejercían una función muy antigua en unas pequeñas casas. En algunos casos el propio Cuerpo ponía a su disposición casa, luz y agua a cambio de mantener una disciplina y una vigilancia sobre las mismas. Eran pequeñas casas de lenocinio, como se decía en la época. Estaban dirigidas por las clásicas madame, con cinco o siete pupilas. Estos lugares situados a las afueras de los acuartelamientos en la zona denominada civil. Estaban sujetas a un control militar que iba desde revisiones médicas constantes hasta el mantenimiento del orden. Se vigilaba que aquellas señoritas dadas de baja por prescripción del capitán médico, no prestaran ninguna clase de servicios. Los había enamorados o enardecidos acompañantes que podían saltarse esta norma. Los oficiales de guardia controlaban el número de asistencia y los pases que les autorizaban a pernoctar en estos lugares.

Subrayando los párrafos anteriores era anormal que en aquella época una institución controlara y dirigiera estos centros. También hay que destacar que los honorarios de estas señoras, no eran lo mismo para un legionario raso que para un oficial o un jefe. Había una escala verdaderamente muy proporcionada para que la misma señorita no tuviera el mismo precio según su cliente, esto era un avance social muy efectivo. Cuando una unidad estaba de destacamento por los montes y cerros interiores, el oficial al mando podía pedir que visitaran a su gente algunos grupos de mujeres proporcional al número de hombres que tenía a su mando.

Se organizaban salvando dificultades en el transporte; pequeñas expediciones aprovechando fines de semana y días de pago. Este pequeño grupo permanecía unos días o algunas semanas en aquel destacamento perdido en los cerros marroquíes.

Toda esta actividad se desarrollaba en un ambiente agradable, de camaradería y compañerismo, sin ese rechazo o hipócrita actitud que existía en España. Esto creaba la ocasión para que se formaran parejas y ellas se retiraran a vivir con su hombre en los pequeños poblados. Por lo tanto también llamo legionarias, puesto que se sintieron unidas al cuerpo del Tercio y que vivían sus vaivenes, sus esfuerzos y sus durezas en un mismo plano prestando una atención y unos cuidados femeninos muy importantes, teniendo en cuenta la vida dura y alejada de toda la civilización, que en muchos casos se vivía en estas unidades.   

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