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La Fundación Picasso acoge una muestra sobre la figura del minotauro como alter ego del artista Malagueño | | Museo Casa Natal de Picasso. 13.06.14 | |  La exposición, que podrá visitarse hasta el 28 de septiembre, está compuesta por obras de coleccionistas privados y de la Fundación Juan March 12/06/2014.- La Fundación Picasso-Museo Casa Natal (Plaza de la Merced, 13) acoge, desde hoy 12 de junio hasta el 28 de septiembre, la muestra “Picasso. El Minotauro en su laberinto”. En esta ocasión, a través de una importante selección de grabados, fotografías y material documental, procedentes de coleccionistas privados y la Fundación Juan March, la exposición se centra en el mito del Minotauro y en su asimilación, e incluso identificación, por parte de Picasso. La muestra, que cuenta con el patrocinio de Banca March, se inaugura esta tarde y ha sido presentada esta mañana por el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre; el concejal de Cultura, Damián Caneda; el director de la Fundación Picasso-Museo Casa Natal, José Mª Luna: y el director del Departamento de Exposiciones de la Fundación Juan March, Manuel Fontán. | Al empezar el recorrido por la muestra, hay dos citas en la primera sala que proporcionan la clave para entender la exposición. Una de ella es del propio Picasso: “Si se marcaran en un mapa todos los itinerarios que he recorrido y se unieran con una línea, ¿no aparecería quizá un minotauro?”. La otra, de su galerista y amigo Daniel-Henry Kahnweiler: “El Minotauro de Picasso, que festeja, ama y se bate, es el propio Picasso”. Junto a estos indicios, la icónica fotografía de Edward Quinn en la que Picasso posa con una máscara de toro, da la pista definitiva: la criatura mitad toro, mitad hombre que vaga por el laberinto atemorizando a los mortales es, en realidad su “alter ego”. Picasso habla a través de la bestia mitológica de sus miedos y obsesiones, y el grabado se convierte en un diario personal a través del cual se desentraña la faceta más íntima de un momento especialmente convulso de su vida: la ruptura con Olga Kokhlova y su incipiente amor y paternidad con Marie-Thèrese Walter.
Tras su primera aparición en 1928, el Minotauro se apropia del protagonismo creativo picassiano en la década de los años 30, en la que el tándem toro-caballo tendrá una especial significación. Esta fascinación queda patente desde el inicio de la exposición donde podemos contemplar en un mismo espacio el número primero de la revista surrealista ‘Minotaure’, para la que Picasso representó a la bestia en forma de collage; y el cénit de la presencia del Minotauro en la creación picassiana de ese periodo: el grabado La Minotauromaquia, una de las piezas más importantes de su carrera como grabador, que compendia toda la iconografía creada en torno a identificación del artista con la bestia, y que además, supone un antecedente fundamental para su obra más universal: el Guernica.
Entre estos dos hitos median apenas dos años, durante los cuales el artista malagueño adopta para su representación un lenguaje plenamente clásico, como queda patente en las 15 estampas de la Suite Vollard, que conforman el núcleo central de la muestra y que tienen como escenario principal el taller de un escultor, donde asistimos, escena por escena, al tránsito desde los excesos carnales del Minotauro a la muerte y la posterior redención de la bestia a través del amor, representado en la obra por su nueva y joven pareja, símbolo de paz y juventud.
La atracción por la criatura mitológica en la obra de Picasso también se repasa en la muestra a través de una completa bibliografía dedicada a su estudio, en la exhibición de la colección completa de las revistas ‘Minotaure’, cuyas portadas ilustraron artistas de la talla de Matisse, Duchamp, Derain, Dalí, Miró o Magritte. Y, sobre todo, en el especial interés que plumas contemporáneas tan importantes como las de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, de quien se cumple el centenario de su nacimiento, mostraron sobre esta criatura mitológica. |
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