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“Cuando la tiranía se derrumba, procuremos no darle tiempo para que se levante” * | | Eduardo Saez Maldonado. 03.06.14 | |  Las elecciones europeas de mayo han tenido un resultado inusual y esperanzador. La suma de votos del PP y del PSOE (PPSOE), que rondaba el 80% del total, ha bajado de un día para otro (de una desvergüenza para otra) a menos del 50%. Los dos partidos que se han repartido el poder desde que se instauró la democracia han empezado a caer. Aquellos que han sido responsables de la claudicación de la soberanía popular ante la de los “mercados”, y que se afanan para que todo siga igual; que han construido una trama de cargos, asesorías, prebendas y corruptelas para mantener su forma privilegiada de vida; aquellos a los que se empieza a llamar “la casta”, han comenzado su declive. No cederán fácilmente el poder, claro. Ya han empezado a arremeter contra los “pequeños” sin piedad tachándolos de oportunistas, carentes de ideas y estructuras, perroflautas etc. Amenazan con grandes cataclismos si no se les sigue votando a ellos, los garantes de la estabilidad del sistema, de su sistema. Están preocupados, y tienen motivos: pueden perder sus privilegios. | Hasta el Rey ha decidido abdicar ahora que aún tiene apoyo mayoritario en las cámaras, por lo que pueda pasar, supongo. Porque los partidarios de la República no se van a estar callados ahora y exigen un referéndum: las cosas de los perroflautas. Pero una vez que los grandes partidos se recuperen del golpe y saneen mínimamente sus patios interiores se plantearán probablemente la gran coalición PPSOE, como última esperanza. Una coalición natural, por otra parte. Pero los nuevos partidos también pueden asociarse, y empezar a acceder al poder. Estos partidos, a pesar de cubrir un amplio espectro ideológico, tienen algunos puntos clave en los que creo que están de acuerdo: empezando por la modificación de la ley electoral y acabando por la estructura interna más democrática, pasando por la modificación de los privilegios que definen a “la casta”. Y sobre todo están de acuerdo en el rechazo a la poca vergüenza institucionalizada. Hay margen para empezar a hacer cosas. Pero hay que querer. Y no es un fenómeno local: en toda Europa, sometida a las políticas emanadas de los que están en posesión de la verdadera fe, pierden terreno los de siempre en favor de propuestas alternativas, no todas ellas tranquilizadoras, por otra parte. Cada vez se oye hablar más de fin de ciclo, de fin de una era, incluso algunos (los perroflautas, sin duda) no ven descabellado pensar en el declive de una civilización, la occidental capitalista e inflacionista que, sobre las bases de ”libertad igualdad y fraternidad” se ha pasado de frenada generando un problema económico, social y ecológico de dimensiones planetarias que, aderezado con una preocupante decadencia moral, podría llevarnos al colapso. Quizá está llegando el momento de la próxima revolución. Aún estamos a tiempo de acometerla pacíficamente, antes de que el previsible colapso lo imposibilite porque, aunque los períodos revolucionarios no suelen ser tranquilos, nosotros tenemos una ventaja: hemos construido unos sistemas democráticos que, aunque con muchas imperfecciones, nos permiten cambiar a nuestros gobernantes, con relativa facilidad. España dio un sorprendente paso adelante internacionalmente con la aparición del 15M, y ahora ha vuelto a levantar la mano en estas elecciones. Aquí pasa algo. Y aunque la aparición de una serie de agresiones a políticos es preocupante, sin embargo el pueblo español ha demostrado una sorprendente frialdad y respeto al orden establecido a pesar de haber sufrido varias décadas de terrorismo indiscriminado, que ha provocado casi mil muertos sin que se haya dado ni un solo caso de venganza particular (un hecho que a mí siempre me ha sorprendido gratamente). Con altura de miras y paciencia podemos comenzar un camino pacífico hacia un mundo más justo y sostenible. Un nuevo proceso constituyente hacia la III República podría ser el comienzo. La empresa es descomunal, pero todavía estamos a tiempo. La alternativa ya la conocemos, y sólo es cuestión de tiempo. Ejemplos históricos hay de sobra. *Cita de M. Robespierre Eduardo Sáez Maldonado
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