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Tu diario. Libertad de expresion

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Duelos debajo del Sol
Jose Maria Barrionuevo Gil. 15.03.14 
Todo el mundo se ha enterado de que una maestra de Torremolinos ha muerto a manos de su pareja, pero yo he tardado en reponerme desde que me enteré de la noticia. Las teclas se me habían bloqueado, el monitor estaba fundido y confundido por el luto y la impresora me acompañaba en mi primera impresión y ni carraspeaba. Me costó quedarme dormido, ya que estábamos metidos en el duelo, porque una amiga de Miss Ana no podía conciliar el sueño.
El poder tiene unas ínfulas de crueldad que quedan hivernadas, pero que ante cualquier excusa, saltan de su letargo y no gastan el tiempo en miramientos. El poder se despereza como un elefante en una cacharrería y desborda todo su poderío sin más consideraciones. El poder se vuelve ciego a pesar de estar recién despertado. 
No podemos distinguir, ni andar con filosofías y sociologías, si el poder es personal, político, económico, social o religioso. El poder está muy pagado de sí mismo, pero les pasa las facturas a los otros. No hay que estar muy al día, vale recoger cualquier muestra aleatoria en el discurrir de las horas y nos sobran hasta las estadísticas. Nos vale una población de sujeto único (N=1), cuando el poder dice: “Aquí estoy yo”.
    Estamos tan cómodos con el poder, hemos sido tan permisivos, que se escuchan, a tres bandas en un juego ilustrado de billar y a los cuatro vientos,  verdaderas apologías, por que el poder se cambie de sitio, de propietario o de decorado. Así, se escucha: “El pueblo unido jamás será vencido”. Quizá sería mejor que se pudiera cantar: “El pueblo unido funciona sin partidos”, que son los que se ponen las medallas del buen hacer y por eso nos va como nos va. También se escucha que el matriarcado sería menos cruel, pero tenemos verdaderos prototipos que nos han defraudado. Incluso hemos escuchado: “La imaginación al poder”, pero somos conscientes de que también puede corromperse. Por ello nos parece mejor que la imaginación “nos la repartimos entre todos y nos la administramos” y de camino el poder dejará de estar secuestrado en pocas manos y dejaremos de estar embargados por los cuatro costados.
    Desde pequeños se nos ha alimentado la devoción al poder, tanto familiar como político, religioso, económico, social. Sin embargo, como “el que da primero da dos veces”, por si este troquelado (Konrad  Lorenz) fuera insuficiente, se nos refuerza constantemente. Los medios de comunicación, la publicidad y un sinnúmero de informaciones y noticias nos jibarizan el cerebro para que no nos quepa ni la menor duda. El milagro del condicionamiento y del adoctrinamiento se ve cumplido, cuando el poder posa sus reales sitios en nuestra conciencia.  
    Algunas religiones, sobre todo aquellas que se han permitido el lujo de los mimetismos de los poderosos, han servido de caldo de cultivo para la cultura de la violencia. El machismo, incluso tácitamente aceptado y promovido por las propias mujeres, como esposas y madres, ha tomado cartas de naturaleza, cuando sólo eran cartas culturales, aunque dijeran que estaban escritas correctamente sobre renglones torcidos. Para muestra un botón: En la Sagrada Biblia, en I Reyes 11-3, podemos leer: “Tanto, que (Salomón) tuvo setecientas mujeres en calidad de reinas y trescientas mujeres secundarias, y las mujeres pervirtieron su corazón”. Como vemos, Eva, que pervirtió a Adán, era una verdadera santa. Estas matrices de pensamiento sobre el poder malvado de la mujer (que se admite como en la canción piyaya, que aceptaba  el título de  “la perdición de los hombres”) han rodado por los siglos, y en todos los siglos han sido escasas las correcciones. Todavía se escucha, como en la España de Manolo Escobar, aquello de “el vino y las mujeres”.
    Esperamos que en el siglo XXI podamos repartirnos derechos y obligaciones, sin asimetrías que consagren por más tiempo el papel secundario de la mujer, cuando no el rol de objeto y menos aún la causa de todos los males. Como es la Educación, con mayúsculas, la que nos tiene que aclarar algunos temas, haciendo toda la crítica constructiva y constructora de la equiparación en dignidad y respeto de todas las personas, puede verse en Google, incluyendo comillas: “Educación y aborto cero”.  Tampoco está de más una ojeada por el libro de Robin   Norvood: “Mujeres que aman demasiado”.
    Va siendo hora de que en esta sociedad, que entre todos y todas construimos, nadie sacrifique a nadie y mucho menos aprovechando la estafa, que significa esta crisis, y que además se ceba con los más humildes y también con las mujeres, por ese mismo concepto que se tiene de ella como factor secundario. “Los daños colaterales” de la guerra y la crisis no deben ocultarnos, por más tiempo, tanto dolor ni tanta sangre. Sufrir es opcional, pero hacer sufrir debe estar prohibido. Ni Torremolinos ni nadie pueden ser los molinos que se muevan por el tropel de las lágrimas.

Josemª            
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