Mi querido director: todos le agradeceríamos que como editor de un periódico digital y director del mismo, dejara los epítetos como "fachas" dirigidos a colaboradores suyos para revistuchas de pueblo, no para periódicos pretendidamente serios como el suyo. No mezcle el tocino con la velocidad ni muerda la mano del que le da de comer, que debería "comisionarnos", como las palmeras.
Si no fuera por polémicas como las nuestras, su periódico, amigo, bajaría, no sabe usted cuánto, el número de visitas, ratio que le permite contratar y cobrar publicidad en abundancia. "No pasa nada -me dijo una vez- unos van y otros vienen. Siempre vuelven". Don Federico, esos humos producen cáncer de pulmón. Y corre el peligro de morir de éxito. Dirija y calle, o hable pero no dirija, o haga como Bravo, "totum revolutum" y que todos sepamos quién y qué es usted, respetando su opinión como persona "humana".
Compañera de pluma, Isolde: En primer lugar, todavía estoy esperando que alguien, sobre todo de la izquierda "moderada", me dé las gracias por ayudar a descubrir al supuesto escritor de los anónimos y me anime a pesar de ser de derechas a seguir buscando la verdad como hasta ahora incluso si choca con el honor y/o personas de mi propio partido.
De la PDSS salí por patas por no querer comulgar con sus ruedas de molino políticas a pesar de todas las prebendas que se me ofrecieron. Y eso que todavía sigo pagando las cuotas y asisto a sus manifestaciones y ruedas de prensa, no como otros. Por cierto que de la última manifestación recibí leches, verbales, tanto de los canteros como de algunos miembros exaltados de la PDSS. ¡Y eso que estaba allí de motu propio para dejar constancia de lo que pasaba! La proxima vez me iré al zoo.
Como periodista, doña Isolde, no le voy a dar detalles de mis fuentes NUNCA. Si quiere saber, vaya a la escuela, investigue como yo, cúrrese las fuentes y luego cuídelas para que no se quemen. Si Guerado escribió los anónimos del señor Manchado es una cosa que desconozco, puesto que de otra forma lo hubiera puesto ya en conocimiento de la Justicia. ¿Por qué no me llamó para preguntármelo? Existe el teléfono y los e-mails...
¿Cómo puede tener la desfachatez de poner que "sospecha" que Luis Bravo me dio el nombre y que formo parte de una "maniobra", encima chapucera? Mire usted doña Isolde. Todos tenemos "sospechas". Pero las tenemos que guardar en nuestras mentes. O investigar hasta llegar a la CERTEZA y después contarla. Es usted ligera de teclas, le pasa como a mí, lo que aprovechará algún enemigo para empitonarla un día si no cuida con esmero sus afirmaciones y su lenguaje. La aprecio y por eso se lo digo.
Amigo porcel, salsa de todos los guisos: Gracias por clarificar, tienes toda la razón, el hecho de que una vez descubierto y encarado con el ex-anónimo Guerado, fui a ver a don Bravo y nos dimos la mano. Las apretamos, nos miramos a los ojos, y sólo dije una frase: "¡Lo siento!". Efectivamente tenía que dejar claro a don Bravo que una vez que alguien había confesado la autoría de los anónimos, él quedaba fuera de juego. Otra cosa es que en mi fuero interno tal confesión fuera aceptada como cierta. Pero yo no puedo "suponer", como hace doña Isolde, que don Bravo escriba los anónimos y le haga comerse el marrón a un contratado cuyo trabajo pende de un hilo. Un contratado cuya VIDA y trabajo peligraba, según me dijo, el día que habé con él una vez descubierto, y que al día siguiente sacó su nombre él solito a pesar del peligro. Eso es de tal suciedad que no podría decirlo jamás. Pero de perdón... nada. Nunca dije que fuera Luis Bravo pero el pensamiento es libre. Eso no te lo puede quitar nadie. Ni el mismísimo alcalde de Torremolinos pudo nunca.
Respecto a las palmeras "comisionadas", te puedo decir que todo está "comisionado", porque cualquier producto desde su origen hasta su destino pasa por diversas manos y cada una se lleva la "comisión" legal que paga su trabajo o su intermediación. No dijiste nada más.
Yo a veces he señalado en investigaciones, cuando tenía pruebas, a un tío, a un cuñado, incluso a algún que otro suegro, como cobrantes de comisiones ILEGALES. Pero tú nunca te referiste a nada de eso. No sé por qué se mosquea tanto el personal. Mejor no "meneallo".
Don Luis, le toca. ¡Qué grande es usted! Más escurridizo que las anguilas, encantador de serpientes, el mejor manipulador que he conocido nunca, lo cual es un halago, el mejor maquillador de la realidad, el mejor muñidor de intrigas palaciegas, dominando las alturas y las cloacas, utilizando zanahoria y palo según convenga, es como la Hidra de cien cabezas. Y no por cabezón, que también, sino por su habilidad de transformación en cargos y personajes de los más variopinto, saltando de unos a otros con la habilidad de un saltimbanqui. Es el perfecto complemento de su jefe. El Alfonso Guerra de un Felipe pepero al que le hace el trabajo "sucio" con una habilidad asombrosa.
Pero una cosa le admiro: tiene asumido su rol. Y utiliza sus artimañas para conseguir el fin último, cualquiera que sea. Ser el malo de la película tiene sus ventajas. A pesar de todo, debería cuidar un poco más sus formas, don Bravo. Esa dicotomía que usted padece es peligrosa, porque no se sabe bien a quién está insultando -gentuza, hipócritas, todo lo que me escupió a mí- y alguien que tiene un puesto de su responsabilidad y pagado por el dinero de todos debería disociar perfectamente sus personajes, acallando unos y matando otros más peligrosos que tarde o temprano le van a pasar factura a usted y a su partido, el mío propio.
Y a todos, señalarles que mientras estemos inmersos en disquisiciones sobre el sexo de los ángeles, los malversadores, los cohecheros, los prevaricadores, los sinvergüenzas y los listillos están tan contentos, campando a sus anchas y haciendo de su capa un sayo delante de nuestras narices. Palmeras y circo. ¡Qué listo eres, Luis Bravo! |