|
EDUCACIÓN Y ABORTO CERO (9) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 23.02.14 | | Hace poco nos hemos desayunado con la noticia de que un ancestro nuestro, de siete mil años de antigüedad, era intolerante a la lactosa. Esto se ha podido saber siguiendo un estudio de su ADN. Esto nos ayuda a recapacitar: “parece ser que todas aquellas personas, que toleran la lactosa y llegan a vivir cerca o más de cien años, no son más que un ejemplo viviente del poder adaptativo de nuestra especie”, según nos comentaba, hace unos días, un licenciado en Física. Según estos pormenores ya contamos con un perfil que no es igual para todos. Por eso, como no todo va a ser prevenir del virus mental y social, que supone el texto de “Cásate y sé sumisa”, nos acogemos al amparo intelectual de otro libro: “Sexo, lenguaje y pensamiento” (2010) del profesor Antonio Huertas. | Conviene tener en cuenta la defensa del sexo, frente a los prejuicios y adoctrinamientos, aunque sólo sean populares y laicos, porque haberlos haylos también. Llevamos “siglos de educación represiva”, sin embargo, poco a poco se toma el sexo como “el gran aliciente de la vida...y alejándonos cada vez más de la experiencia sexual como fuente de preocupación, temor y ansiedad”, nos aclara el profesor. Hoy está al cabo de la calle que una equivocación la tiene cualquiera y que el ser humano es una de ellas, ya que “una mutación pudo precipitar la presencia del hombre en el paraíso”. Consideramos que “la diferencia intelectual entre hombres y mujeres no es tanta ni mucha”, aunque seamos muy diferentes en muchísimas otras cualidades. Todas estas cositas las hemos ido aprendiendo del día a día y de la vida en común. Sabemos que la cultura, desde las épocas de nuestros humanos primitivos, ha constituido un “nicho ecológico propio” (muy diferente de los nichos con que cuentan los demás seres vivos), que hemos tenido que construirnos y dilatar, no sin dificultades, y precisamente para superar dificultades, trances y conflictos que se nos venían encima, igual que ahora también se nos presentan. De ahí la necesidad inexorable de la cultura, que entre otras cosas no hay que confundir con tradición. Muchas veces hemos oído: “Este niño sabe más que lo que le han enseñado”. En esto podemos decir que consiste el caudal de conocimientos compartidos que nos ha podido conceder el nicho ecológico humano, y que nos acompañará siempre que no renunciemos a seguir investigando para mejorarnos a nosotros mismos. Sin embargo, en nuestros días, la comercialización lo invade todo y la competitividad se ha convertido en el único cauce de supervivencia, en un mundo que todavía tiene recursos para todos. A tanto llega la impronta del modelo de la competitividad que se aplica incluso al comportamiento de los espermatozoides. Se ha generalizado la idea de que los espermatozoides son competitivos y que van en desbandada porfiando para ser el primero. Sin embargo la constatación de los hechos deja esta hipótesis en la cuneta del camino difícil, pero atractivo, de la investigación. Sabemos que los espermatozoides que llegan a cubrir el objetivo de la fecundación lo hacen por el empuje, la presión y la colaboración de los otros compañeros. Tan es así, que sabemos que, para que tenga lugar una fecundación, la densidad de espermatozoides tiene que superar unos niveles, sin los cuales no hay concepción alguna. Hablamos de competencia, tanto individual como colectiva, más que de competitividad individualista. No sólo nos han inundado con la competitividad, sino que también nos han empantanado en este apriorismo barato. A tanto se ha llegado que se ha unido la violencia y el sexo, porque es un artículo que vende, que es competitivo comercialmente. Sin embargo, todo el mundo con dos dedos de frente, en su foro interno, piensa que el ser humano no es ni tan violento ni tan desenfrenadamente sexuado, como nos dicen, ya que cada uno sencillamente no se considera así. Para todos nosotros es una prueba evidente de todo este asunto (porque no nos consideramos tan perversos) el que constantemente nos estén dando la vara con el tema de la agresividad y sexualidad del ser humano, para convencernos y reconvencernos de semejantes prejuicios. Entra todo esto en el marketing de una economía de guerra, que nos quiere abducir, como si fuera la única economía viable. Por ello nuestra “conciencia compartida nos permite escapar de las presiones biológicas” y también de algunas, sociológicas y culturales, tan descaradamente interesadas. Con Educación, no sólo Fisiológica, sino netamente Sexual, que trasciende los límites físicos, fisiológicos y médicos, se llegará al aborto cero. (Continuará)
Josemª. |
|
| | <-Volver |
|
|