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EDUCACIÓN Y ABORTO CERO (7)
| | Jose Maria Barrionuevo Gil. 08.02.14 | | Cuando en la enseñanza de nuestra democrática pero críptica España, ya nos habíamos olvidado de la Educación Sexual en las escuelas, un grupo de estudiantes, demostrando, sin querer queriendo, que era una necesidad a cubrir, nos avisó con una formal alarma. Un compañero nos contó su experiencia, puntual, pero significativa. Nos dijo que al llegar a un nuevo colegio para impartir clases de Lengua y Literatura en el Ciclo Superior de la extinta E.G.B. le solicitó al jefe de estudios poder tener en el horario dos clases de Lengua seguidas, una vez a la semana, para poder realizar trabajos en equipo, cineforums o coloquios. Se trataba de hacer prácticas con la Lengua, no de estudiarla sólo. Los coloquios eran de libre elección por parte de los alumnos. Podían ser promovidos por un grupo de alumnos o por un alumno solo. No había censura previa. | Cualquier tema era digno de ser tratado, ya fuera “La pena de muerte”, en tiempos en que el terrorismo campeaba por España, o fuera “La ouija”. Todos sabían que el coloquio consistía en una oportunidad para plantear un tema, defenderlo, aprender tanto a hablar en público como a escuchar. También se aprendía a tomar notas. Con el tiempo aprendieron a responsabilizarse tanto de la toma de palabras como en la elaboración de actas. Además, en ningún tema tuvo ni una queja de los padres.
Un día, en una clase de séptimo nivel, con una ratio de 27 alumnos, en el que sólo había seis alumnas, las chicas trajeron para el coloquio el tema de “El Aborto”. No eran chicas guerreras, pero deseaban hablar sobre un tema que les preocupaba. El tema contó desde el principio con sus detractores, que sin lugar a dudas eran chicos; sin embargo evolucionaron bien. Como las dos horas del coloquio les supo a poco, decidieron seguir hablando la semana siguiente y así se hizo. Fue el único coloquio que duró cuatro horas. Sabiendo el maestro que la escuela no es un lugar de adoctrinamiento sino de aprendizaje, los tenía aleccionados y los alumnos y al umnas sabían de antemano que nunca contarían con que la última palabra la diera el maestro. El maestro era consciente de que estaba en una situación de privilegio y se tenía que aguantar sin decir ni mu. En todo caso su papel era, a lo más, de moderador.
Todos, chicos y chicas salieron bastante satisfechos con la experiencia. Llegaron a la conclusión de que lo que habían dicho o escuchado era un reflejo claro de lo que se daba fuera en la calle. Sin embargo habían sido testigos de argumentos que nunca habían escuchado y eso, lo sabemos, siempre despeja la mente y, aunque no haya adherencias, es un buen ejercicio de participación democrática y de comprensión de las distintas posturas ante cualquier tema. Los chicos terminaron por tomar el tema con más seriedad y menos prejuicios, ya que habían escuchado en vivo las aclaraciones y las preocupaciones de sus compañeras. Quizá había sido la primera vez que valoraron la diferencia de carga física y psíquica de las mujeres en el tema y les sirvió como tema transversal, ya que continuamente estaban relacionándose con sus compañeras (no como en los colegios que “discriminan” inconstitucionalmente al alumnado). Podemos constatar así que la Educación Sexual se da la mano con una buena Educación General y de la Salud. Con una buena Educación Sexual, los jóvenes ganan en conocimiento y ternura y las jóvenes sólo pierden la ansiedad, las malas experiencias y no la virginidad a bote pronto.
Nuestro compañero nos dijo que la experiencia tuvo lugar cuando por España corría (corría solamente, no se corría) el año de Gracia de 1992. De paso, tenemos que decir (y lamentar) que, hoy día, por “ley” está actualmente prohibido que se den dos horas seguidas de una misma asignatura. No nos extraña, porque sabemos de siempre que la vida goza de una marcha continua, pero la enseñanza es discontinua. Con la nueva ley podemos ir para atrás, pues le sobra, además de demagogia, epistemología barata, ya que hace más hincapié en los resultados, la disociación, la separación y la evaluación que en la Educación y su continuidad.
Aparte de todo esto, y sin salirnos del tema de la juventud (que algunas leyes suelen contemplar, con más o menos dedicación), por el respeto que tenemos a todos, consideramos totalmente encomiable la acogida, que pueda tener por parte de una familia, de la criatura de una doncella que ha quedado embarazada, aunque no se le haya aparecido ningún ángel. Una actitud de esta categoría no necesita ninguna ley. Con una Educación Sexual clara y precisa para jóvenes, sin reservas ni mitos, pero poniendo el énfasis en la responsabilidad que comportan las conductas y las relaciones entre todas las personas, puede ser que nos vayan sobrando leyes. (Continuará)
Josemª |
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