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EDUCACIÓN Y ABORTO CERO (6)
Jose Maria Barrionuevo Gil. 01.02.14 
Todo el mundo entiende, porque salta a la vista, que la relación de la mujer con la nueva vida que promete alumbrar, es físicamente incuestionable. Es la mujer la que, a todas luces, manifiesta su embarazo, pues ya han quedado trasnochados y en desuso los guardainfantes. Estos fueron sustituidos por los tontillos en la segunda mitad del siglo XVII. Suponemos que la denominación de estas prendas no tiene nada que ver con lo que el vulgo llama “el tonto”. Ya no suele pasar que a una muchacha su propia madre le dé un tortazo en la boca, porque, en un momento dado, diga con toda espontaneidad que su cuñada está embarazada (1960, siglo XX).

    Precisamente por la libertad que han ganado las mujeres de no verse señaladas ni de ser consideradas impuras, como en la Biblia (libro sagrado) por lo menos, se ve con mucha naturalidad la presencia de una mujer embarazada en cualquier espacio público.
    Lo que parece que no sabe el público, incluso actualmente, es la diferencia tan significativa que existe entre hombres y mujeres, en su relación con la reproducción de la vida. No hablamos sólo del contexto tan complejo que supone un embarazo, sino también de la complejidad que comportan los pasos a dar, incluso antes de la mismísima concepción. En esto, como en todo, pero de una manera especial, la Educación Sexual debería amarrar en corto para no tratar los temas ni con prisa ni con superficialidad. Estamos hablando, pues, de que es la mujer la que, por su naturaleza, desarrolla una inversión física y psíquica, que no tiene correlación con la que pueda prestar el hombre. La mujer tiene un trabajo fisiológico en el que su organismo invierte mucho tiempo para poder  ofrecer un óvulo maduro y en condiciones de viabilidad. La mujer está sometida a cambios fisiológicos y hormonales que incluso trascienden a sus emociones. La mujer, como sabemos todos, es la que verdaderamente sabe lo que es un embarazo y la inversión de tiempo, de cuidados y de emociones que lleva  consigo. La mujer sabe del tiempo y cuidado que dedica a la lactancia. (De los permisos que se le puedan conceder en este sentido al hombre, quizá tenga como telón de fondo el negocio de las multinacionales con la leche de la lactancia que llaman “materna” o “maternizada”)
    Ya nos va quedando claro que no es cualquier cosa la diferencia en el aporte de recursos que realiza la mujer con la contribución que presta el hombre, que con toda facilidad, salvo casos clínicos, produce espermatozoides a toda pastilla, invirtiendo en ello nada de tiempo y sin desgaste psíquico. Además culturalmente está protegido todavía por unos prejuicios que, a lo más mínimo menoscaban la dignidad de la mujer, pero que no afectan socialmente al hombre. Es el hombre el que se atreve, cuando la mujer no le da facilidades, a tildarla de estrecha. Quizá está pendiente el que el hombre sea educado para que no sea tan estrecho en sus pensamientos.
    Dado este panorama, que es una necesaria visión de conjunto, no nos debe extrañar que la mujer sea tan reticente a la hora de mantener relaciones. Nos parece que es casi instintivo el que se proteja una y mil veces de las alegres proposiciones de los hombres.  Es mucho lo que está en juego, pero mucho más lo que se juega una mujer.
    Hablamos de la Educación Sexual, no de la Educación Moral, que es la que nos viene de tradiciones que se han quedado en sus consignas y no se han permitido la puesta al día, por considerar que la moralidad es inamovible. La Educación Sexual hoy viene avalada por estudios sociológicos, psicológicos, antropológicos, médicos, que se acreditan por investigaciones realizadas en muchas partes del mundo, en muy diferentes culturas y sabiendo separar el grano de la paja, cuando se tocan estos temas. Estas investigaciones no pueden permitirse el lujo de  ser  incondicionales de una u otra determinada visión ética de las relaciones humanas. Decimos esto, porque, según el modelo granítico de nuestra observación, no nos podemos permitir fijaciones ni condicionamientos estrictos. Explicamos lo que queremos decir. Cuando tenemos excesiva poca distancia para ver una piedra de granito, al fijarnos en una mancha negra, podemos concluir que toda la piedra es negra; pero si nos retiramos, podemos observar que también hay manchas grises, rosas, blancas... y que esa conformación le da belleza a la piedra.
    La Educación Sexual tiene la debilidad de estar al servicio de las personas, que son las que tienen que conseguir la libertad de todos sus actos, sin dejarse llevar de prejuicios que provocan más malestar que beneficios.  (Continuará).

Josemª 
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