Sr. alcalde: Llevo 18 años en el colegio Isaac Peral impartiendo mis clases. NO ha habido ni un sólo año que nos hayamos librado de alguna faenita de arreglo, restauración, remodelación, etc con el consiguiente desprecio olímpico a la tarea educativa que tiene que ser interrumpida ante la imposibilidad de entendernos y de controlar la desatención que se genera en los alumnos. Hace dos días y a un metro de la ventana aparecieron dos señores martillo en mano a bordo de una grúa jirafa para sanear el alero del edificio; golpes, ruido, espectáculo, sabe usted qué, Sr. alcalde: ¡se acabó la clase! |
Ahora tenemos la obra del ascensor en el centro del colegio que, promete acompañarnos "a la guitarra" no sabemos cuántos días ni en qué tonalidades anejas al proceso de ejecución. Los horarios de los trabajadores, ante labores importantes, se adecuan a las prioridades de una sociedad y orden de valores. Le recuerdo que por las tardes no hay clase. Con mis respetos y mi incomprensión le mando mis saludos.
|