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Viaje a Japón. 1. Meras Sensaciones Iniciales
| | Miranda Collet. 07.12.13 | | A dormir en el suelo, colchón delgado.
A comer con palillos arroz pastoso
Puertas corredizas que no corren si no ayudas a la mano que jala con el pie y la cadera.
Aire que te daña, y nadie vive sin respirar. | Coches angostos del todo, calles de doble sentido de 3 metros de ancho. Cementerios regados por el país, con lápidas negras, en cada barrio, cementerios pequeños, mezclados entre las casas. Y los arrozales en medio de la urbanización, y las fábricas en medio de las casas, y los huertos en medio de todo esto y los gigantescos crisantémos en medio de todo ésto. Y las tiendas y los bares y las trasnacionales y las ciudades y las calles principales que parecen callejuelas.
Entrar en casa: zapatos fuera, pies helados, casas frías. Entrar en baño y en cuarto de dormir: pantuflas fuera. Y este aire gélido que respiramos: una duda en cada respirar. Estamos a 150 kms de Fukushima, en la provincia de Gunma, en el centro de japón. Y cuando no en Gunma, en el lugar con más concentración de energía nuclear en el mundo, allá en la granja de cabras, donde la gente pinta el paraíso. Y el aire: No huele ni mal ni bien, no se le ve nada raro, tus pulmones no protestan, pero una sabe…
Ventanas sin cortinas, vates con calefacción en el asiento. Salas sin sillas, gente reunida en cuclillas o sentada en el suelo sobre sus rodillas. Ay, rodillas mías! Mesas sin sillas, sillas sin mesas, ningún lugar para guardar nada. Palabras sencillas, palabras habladas con esfuerzo por l@s japonese@s, esforzándose a comunicarse conmigo en inglés, y aún así, aún así, son incomprensibles sus buenas palabras debido a mi incapacidad de entender su acento japonés. Mi absoluta incomprensión del japonés y mi absoluta incapacidad de aprender más que las siguientes palabras: gracias, arigató. gato, neko perro, ínu cuervo, kárasa.
Estas son las impresiones, nada más, y las primeras. Lo que se podría llamar la incomodidad normal después de un viaje de 24 horas a un país desconocido y con casi 70 añitos encima, encontrándome en un círculo desconocido de jovenes japoneses, (sólo Megumí, entre ell@s, era conocida mía), siendo la mayoría de este círculo artistas, gente maravillosa. Gente con las mejores intenciones del mundo de hacerme sentirme en casa.
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