Aunque un artista anide en cada uno de nosotros, es evidente que no todos hacemos el trabajo de transformación que el poeta, pintor o músico llevan a cabo para producir su obra. Un artista es, originariamente, una persona que se desvía de la realidad para dar un nuevo espacio a sus anhelos. Al contrario que el neurótico, se reencuentra con ella transformando la satisfacción de sus deseos en obras valoradas por las demás personas.
Al igual que el niño, el artista crea su propio mundo, produce un nuevo orden de cosas que le resulta más grato. Juega y transforma. Utiliza sus elucubraciones para crear lo que no existía sin su trabajo. Comparte, abandona el egoísmo de las fantasías y nos entrega su cuadro, escultura o poema.
Al abandonar la niñez, también abandonamos la grata actividad que resultaba el juego. Pero quienes conocemos la vida anímica del hombre sabemos que nunca abandona un placer que haya saboreado. En realidad, no podemos renunciar a nada, no hacemos más que cambiar unas cosas por otras. Cuando dejamos de ser niños cesamos de jugar, pero en lugar de ello fantaseamos. Hacemos castillos en el aire, escapando así de una realidad que no satisface nuestros deseos.
Muy al contrario que en el niño o el artista, el adulto se avergüenza de sus fantasías y suele ocultarlas a los demás; considerándolas como algo íntimo. Sabe que de él se espera responsabilidad, además de que entre sus deseos se encuentran algunos que le es preciso ocultar.
Podemos decir que el hombre feliz jamás fantasea, y sí tan sólo el insatisfecho. Son los deseos insatisfechos las fuerzas impulsoras de las fantasías, y cada fantasía es una satisfacción de los mismos. Deseos eróticos o ambiciosos suelen ser los protagonistas de nuestras fantasías.
El artista mitiga el carácter egoísta de sus fantasías por medio de modificaciones y ocultaciones y nos soborna con el placer estético. Si las mostrase tal cual una persona normal, no nos produciría placer alguno. El verdadero goce que el arte nos produce procede de la descarga de tensiones, no sólo para el que crea la obra, sino también para el que la contempla. El artista nos pone en situación de gozar, sin avergonzarnos, de nuestros sueños diurnos. No hay que olvidar que todos compartimos los mismos.
La fantasía tiene un papel muy importante en la vida de los hombres si nos lleva al trabajo de la creación, si es capaz de modificar la realidad. Si no es así, simplemente nos postrará en cualquier lugar, viendo transcurrir el tiempo sin hacer nada. El niño y el artista transforman la realidad, pero jamás la confunden con la fantasía. Todo artista es un héroe para nosotros, pues es el que juega a satisfacer sus deseos mediante caminos especiales admitidos por lo demás hombres como válidos.
Toda exposición artística, culminación de todo trabajo artístico, es una invitación al placer sublimado, el artista comparte su intimidad transformada, contagiándonos el goce hallado en su realización. Espacio abierto donde la mirada es el vehículo de las palabras. Cada trazo un afán de comunicación.
El Psicoanálisis reconoce en el artista los mismos elementos que están presentes en cualquier otra persona. Las fuerzas impulsoras del arte son aquellos conflictos que conducen a otros a la neurosis. El artista busca su propia liberación, realiza sus fantasías convirtiendo lo repulsivo de sus deseos en belleza expresiva. Ahí radica su valor cultural y la dignidad de su admiración. Donde uno eligió enfermedad, el poeta, pintor o escultor puso trabajo, renunciando al egoísmo del fracaso y auto-lamentación. Si nos contagiáramos del espíritu artístico y nos pusiéramos “manos a la obra”, produciríamos otras vidas más plenas, satisfactorias, propiamente humanas. Hay otras formas de gozar. Pon un artista en tu vida.
Helena Trujillo Luque Psicoanalista |