Siguiendo su consejo, Marina Bravo, he tomado una tila antes de escribir estas líneas. Le aseguro que por tener conciencia escribí lo que escribí, además con plena CONSCIENCIA de lo que hacía. Doña Marina: un anónimo no tiene mujer, hijos ni padres. ES ANÓNIMO. Y no se puede molestar, a no ser que pique en el ANZUELO de los insultos premeditados y se descubra todo el pastel que era lo que se buscaba. |
No la conozco, Marina Bravo, ni su apellido me indica que pueda ser familiar de algún conocido, porque usted nos lo hubiera indicado. Pido perdón a quien se haya sentido ofendido en la familia del escritor anónimo, pero por favor, no me echen la culpa a mí. Ser hijo de puta es un insulto asumible en una pelea política como ésta tan sucia y desagradable, y ha sido utilizado para exaltar al máximo al anónimo y que se descubra él mismo o a través de alguien.
Porque lo que no es asumible, y eso se lo tienen que echar en cara a su marido, padre o hijo, es que sea COBARDE. La cobardía es uno de los rasgos personales más deleznables. Una persona cobarde es capaz de cualquier cosa y carece de fiabilidad, porque te deja tirado en cualquier momento y utiliza los medios más abyectos para conseguir sus fines a pesar de todo.
Y fíjese si tengo razón, doña Marina, que está usted defendiendo a la familia del anónimo por humillada, pero no se equivoque, la humillación viene por parte DEL QUE ESCRIBE CON NOMBRE FALSO, que es quien ha puesto en solfa su dignidad y la de toda su familia si se le descubre.
Yo por mi parte, doña Marina, no he insultado a nadie en concreto. He insultado a un fantasma, a un cobarde que escribe con nombre falso, a una persona deleznable que, por anónima, no tiene mujer, ni hijos ni padres. Ninguno de los tres ANÓNIMOS tenía familia porque NO EXISTÍAN. Otra cosa es que la familia, amigos y conocidos descubran sus identidades y les apliquen los calificativos, muy fuertes, que yo conscientemente utilicé.
El resto de los lectores y mi conciencia, que la tengo si no, no me meterían en estos berenjenales, lo que agradecerían, doña Marina, es que a partir de ahora ningún cobarde escriba con nombre falso. La democracia ampara a todos, pero asumiendo cada uno sus opiniones sin esconderse. |