Esta clasificación observada desde el punto de vista del arte, permite definir el estilo romano, gotico o barroco atendiendo al periodo historico-cultural en el que se desarrolla. Actualmente las manifestaciones artisticas y las arquitectonicas en particular no suelen agruparse en estilos, si exceptuamos el “estilo internacional” que en buena parte del s.xx propugnaba la posibilidad de construrir el mismo rascacielos en Chicago, Paris o Bilbao. Hoy en dia los estilos se conocen con el nombre de sus autores. Efectivamente, estamos en la era de los personalismos, los medios de comunicación nos hablan del estilo “Calatrava”, estilo “Ghery”, o estilo “ Foster “. Los arquitectos “estrella” tienen un sello propio que los identifica en cada una de sus obras.
Sirva esta introducción para permitirle, querido lector, valorar la definición que cierto medio de comunicación local otorgó recientemente a uno de los nuevos edificios públicos inaugurados en nuestra ciudad. El comentarista no dudó en usar la expresión: “estilo local” para referirse al edificio en cuestión, comparando sus características estéticas con otras “ejemplares” obras de arquitectura promovidas por nuestro ayuntamiento.
No deja de ser preocupante para un amante de la arquitectura que en su propio pueblo identifiquen como “estilo alhaurino” los rasgos comunes de determinados edificios que no merecerían otro calificativo que desafortunados. De cualquier forma, veamos a que pueden referirse: Empezando por ejemplo, por nuestro ayuntamiento, nos encontramos con una mediocre adaptación de las antiguas naves industriales, disfrazadas con una fachada que intenta indicar el carácter oficial y administrativo del conjunto con el recurrente uso de unas desproporcionadas columnas metálicas. Sin entrar a valorar otros aspectos de proporción y relación con los edificios que lo rodean, nuestro ayuntamiento destaca sobre todo por el uso de unos horrendos colores pintados sobre los paramentos que pasan por el rojo, al amarillo y verde…. Ningún material noble, un diseño simétrico y previsible y sin duda, ninguna referencia a características histórico-artísticas locales o en su defecto a las ultimas tendencias de la arquitectura.
Visitemos ahora la mas reciente de las incorporaciones a nuestro paisaje urbano, el nuevo centro de salud. Un edificio de nueva planta, ubicado en el casco antiguo que sin embargo puede ser contemplado desde la travesía, al menos hasta que se completen los edificios de viviendas que lo rodean. Observamos que está realizado en su exterior con ladrillo visto, paramentos pintados y carpintería de color, apareciendo de nuevo los rojos, amarillos y verdes…. Diseño aburrido, poco identificativo de la función que alberga y eso si, algo en consonancia con algunos edificios cercanos que desafortunadamente están siendo “maquillados” con los dichosos colores rojos, amarillos y verdes.
Me empieza a asustar la conclusión a la que estamos llegando, aunque vamos a intentarlo una vez mas… por ejemplo con nuestra guardería municipal, situada en la zona escolar de manantiales y zambrana. También de reciente construcción su diseño evita cualquier complicación mas allá de la pura funcionalidad. Si pasamos de largo por la particularidad de que, al igual que el ayuntamiento, el centro de salud y la mayor parte de los colegios , carece de aparcamientos suficientes en su entorno, volvemos a descubrir carpinterías coloreadas, paredes y suelos verdes, rojos y amarillos, y no me refiero al pobre intento de pintar las columnas exteriores con colores planos de pretendido aire infantil. Uf…! Ustedes mismos:¿a que se referiría el periodista con estilo local? No quiero ni pensarlo. ¿Acaso debemos permanecer ajenos a este fenómeno? ¿es este el legado que, en estos años, estamos dejando en la historia de nuestro pueblo? ¿o acaso es suficiente con plantar la travesía con una palmera por cada licencia de obra concedida? Les estoy hablando de legado, de la herencia visual que nuestra generación está ofreciendo a los que vendrán, y que no podemos ignorar.
La arquitectura es el arte inevitable. Cuando nacemos, dormimos, trabajamos o comemos, lo hacemos en el interior de edificios, y aunque no seamos plenamente conscientes, influyen de manera decisiva en nuestra vida cotidiana. Quizás las personas que sufren permanente o temporalmente una minusvalía entiendan mejor lo que les digo, pero no solo ellos, sino todos nosotros vivimos dentro de la gran maquina que es la arquitectura.
Posiblemente la mayoría de nosotros tengamos el ultimo modelo de móvil, algunos el ultimo modelo de coche o de ordenador, sin embargo, al buscar o construirnos una casa repetimos patrones y diseños antiguos, aburridos, carentes de imaginación y novedad. Repetimos los modelos que hemos visto desde siempre en las casas que nos enseñan los famosos en el “hola”, y deseamos arcos, balaustradas y columnas de mármol en nuestro hogar.
Posiblemente de los cientos de viviendas que se construyen en nuestro pueblo, menos de la mitad aprovechen los auténticos avances que la técnica constructiva nos ofrece hoy en día, y no mas de una docena de casas respondan a patrones de diseño contemporáneo.
En el fondo, cada cual es libre de vivir donde quiera y en muchas ocasiones los diseñadores somos culpables de no complicarnos la vida intentando sugerir nuevas ideas a los clientes.Pero lo que no tiene discusión es la responsabilidad de las administraciones en ofrecernos a nosotros y a los que vendrán una arquitectura de calidad, actual y significativa.
Dentro de unos años nuestro pueblo puede ser un mar de casas, adosados y pareados con edificios públicos obsoletos, oscuros y aburridos, o con un poco de esfuerzo, un lugar en el que destaquen obras arquitectónicas que digan algo de la época y las personas que las construyeron.
Usted puede pedir al arquitecto al que le encarga su casa que haga su trabajo lo mejor que sepa, combinando la libertad de su diseño con sus gustos y necesidades, lo mismo que si fuese a un restaurante y eligiera el plato de la carta que mas le apetezca, pero sin intentar hacer el trabajo del chef.
Y todos debemos exigir a nuestros representantes que apunten sus esfuerzos en esa dirección, convocando concursos de ideas, exposiciones publicas de proyectos, apostando por la calidad en el diseño de nuestros edificios públicos, incluso premiando las iniciativas privadas que destaquen en esta línea.
Espero que esta reflexión sea entendida en el sentido constructivo con el que ha sido escrita y que en los próximos tiempos nos sintamos orgullosos de tener en nuestro pueblo algún edificio digno de pasar a los libros de arte, antes de que nos coloquen mas palmeras o algún campo de golf. Ahora que nos sobra el agua. Juan Manuel Mancebo Fuertes
|