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Una sociedad hache | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 20.10.13 | | Si nos propusieran una sociedad “Equis”(x), pensaríamos en una sociedad que es una incógnita: una sociedad desconocida. Cuando hablamos de una sociedad “Hache”, como la nuestra, además de estar refiriéndonos a una sociedad un tanto ociosa, queremos decir también que nuestra sociedad es una sociedad ignorante, que está en una situación de desconocimiento de sí misma, de desconocimiento de los problemas que tiene encima. | Rebobinemos unos años de democracia y nos encontraremos con un aula de Segundo Nivel de la extinta EGB, en la que un maestro, viendo que los niños y niñas de su tutoría ponían haches a toda palabra que empezara por vocal, se puso a pensar con ellos a ver qué estaba pasando. Las hipótesis podían ser de lo más peregrina, pero el ejercicio de pensar era un buen camino, un santo camino que se hacía en común y que conllevaba la alegría de que nadie se encontrase solo ante unas dificultades que no estaban previstas, y que se solucionaban en ausencia de criterios adecuados. En esta edad los estudiantes con su afán (studium) de saber y encontrar respuestas rápidas desarrollaban un pensamiento anecdótico, un razonamiento transductivo, que por lo menos les servía para quedarse tranquilos y no haber fracasado porque habían puesto en danza su imaginación y empeño. El maestro que, diez años antes de la LOGSE, ya atendía a los procesos más que a los resultados (sabiendo de antemano que la atención a los procesos ya constituye en sí un objetivo educativo) iba proponiendo unas pistas para que se pudiera agilizar el procedimiento. Así se iban acercando al uso de fuentes de conocimiento: comparaban con otras palabras, citaban palabras de los cuentos, buscaban en los libros de texto y hasta alguien sacó el diccionario escolar (iter=camino). En este punto el maestro preguntó: “Qué podemos hacer con el diccionario”. Aquí también hubo pensamientos divergentes que a todo trance pretendían llegar a la solución. Después de todo este foro de dimes y diretes, el maestro les preguntó a ver qué les parecía el que cada grupo (en la clase había 34 estudiantes en 6 grupos de 6 ó 5 personas con interés) buscase y contase las palabras en el diccionario. Un grupo contaría las palabras que comienzan con “a”; otro, con “e”... y otro, con “h”. No fue difícil cotejar la infinidad de palabras que no llevan “h” con las que la llevan. Así, a renglón seguido, comprendieron todos los estudiantes que el libro de texto les había propuesto un ejercicio en el que de diez palabras había que poner “h” en ocho. Éste modelo, ajeno a la realidad, había provocado más problemas de los que había previamente. Hoy, nuestra sociedad “Hache”, con “h” de hambre de muchos y que no satisface el apetito de unos pocos, ajena a la realidad que sufren los ciudadanos, nos propone unos modelos ociosos, tanto de los que no dan un palo al agua como de eventos de ocio, que se llevan de calle a miles de personas, tratadas como comparsa o cortejo de personalidades que no se preocupan de nadie y de las que se ocupan y preocupan todos los seguidores. Esta sociedad Hache nos llama a eventos deportivos, a los que acude mucha gente que no hace deporte o que no entiende casi nada de deporte. Esta sociedad Hache nos propone comidas superexcelentes y caprichosas a los que sufrimos todo tipo de recortes incluidos hasta los recortes informativos. Esta sociedad Hache nos muestra a todos, también a los que sufren las más básicas carencias, cómo se relame un gato, rollizo y bien alimentado con su exquisito pienso. Esta sociedad Hache no se da cuenta de que es más divertido, solidario y humano participar en una manifestación, gratuita, con niños, jóvenes y mayores reclamando a favor de todos nosotros y de nuestros hijos, que estar presente, y ausente a la vez, en un botellón. A esta sociedad Hache no le importa la ignorancia generalizada de la realidad, sino que se aprovecha de ella para escamotearla y alimentarse de la confusión, mientras nos roba derechos y hasta mata de hambre. josémª
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