El sueño comienza cuando ya es demasiado tarde: un grupo de vaqueros, montados a caballo, forma un apretado círculo alrededor de Amanda, y ella sabe que la van a matar a tiros. Un hombre solitario se acerca a galope, gritando, ¡Aquí están! Éste ondea un par de calcetines rojos: la irrefutable evidencia en contra de Amanda. Ella sabe que los hombres estaban esperando esta prueba para matarla. Aunque la niña no entiende el significado de los calcetines rojos, sí entiende que están inseparablemente relacionados con ella.
Los hombres levantan sus rifles y apuntan a Amanda. Ella cierra los ojos. En el instante antes de ser disparada, ella se da cuenta que no está lista para morir. -¡Espérense! ¡Espérense! ¡Sólo un momento!, grita. Los hombres bajan sus rifles mientras se tranquiliza.
Se endereza, hombros atrás; ahora está lista. Otra vez los hombres levantan sus armas. Otra vez en el parpadeo antes del apretón de gatillos, Amanda los detiene con, ¡No! ¡Espérense! ¡Espérense sólo un momento! Sabe que no necesitará más que unos segundos para tranquilizarse.
A los hombres se les está acabando la paciencia. Cada vez que ella se cree capaz de morir, se enfrenta al paredón. Cada vez, antes de ser asesinada, ella vuelve a perder su valentía. Cada vez el miedo aumenta, y finalmente ella levanta los dos brazos para detener su ejecución.
Se despierta y ve que la luz de la luna invade su cuarto en Arizona. Las manos aprietan la sábana y el latir del corazón va disparado. Ella espera sin moverse hasta que el miedo se disipa. Exige a este sueño que se vaya y que no vuelva ya. Acepta la responsabilidad por la llegada del sueño, pero no siente haber hecho algo que haya merecido ser matada.
No sabe preguntarse el significado de este sueño y durante cuarenta años no se da cuenta que el sueño es un goteo en el tiempo, proveniente de una vida anterior suya.
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