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Continente, contenido y contenedor | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 05.10.13 | | Una vez más nos llevan de calle. Cuando no somos los dueños de la calle, nos llevan de calle, nos dirigen, nos someten a un anonimato, incluso doloroso, porque hasta colectivamente podemos llegar a no ser nadie ni nada. Europa, la de “los grandes ojos” según la mitología, encandiló al propio Zeus, que disfrazándose de toro manso consiguió su amor raptándola. El rapto de Europa por Zeus no creó grandes problemas. Los problemas nos han sobrevenido ahora con el que podemos llamar “nuevo rapto de Europa”, nombre que damos a un continente, pero esta vez no ha sido raptada por un dios, sino por el toro salvaje de los mercados. | Este rapto de nuestro continente ha sido tal que Europa se ha quedado a expensas de la avaricia de los mercados, que han convertido a Europa en un contenido, en una baratija de la que se han apropiado y a la que han puesto precio, haciendo dejación de todos sus valores históricos, sociales y democráticos. Los mercados, en vez de hacer una puja para conseguir una subcontrata de los trabajos de los europeos, han impuesto una supercontrata sobre todos los trabajos de los europeos, poniéndoles precios de saldo y cargándose todo el entramado laboral y social que se había construido poco a poco y paso a paso. Los mercados han conseguido desheredar a los habitantes de este viejo continente y este continente, del cacareado primer mundo, ha quedado convertido en un reducto tercermundista, en el que la supervivencia cada vez afecta a más europeos y no europeos, que se convierten en el contenido de un gran paquete de medidas antisociales y antilaborales. Europa, que podría haber sido la metrópoli de los derechos sociales y laborales, que habrían ido alimentando laboral, social, económica y políticamente a otros países y otras llamadas patrias que estaban emergiendo de su retraso milenario; Europa, repetimos, se ha visto sumergida y ahogada bajo la todopoderosa bota del capitalismo más salvaje. Europa parece haber perdido la vista, ante los demás y ante sí misma, y haber quedado cegada y segada, donde será difícil, además, divisar los tan presuntos brotes verdes, que siempre nos predican desde la política. Esta ceguera, para colmo, le impide ver sus propias vergüenzas, y ¿por qué no?, sus harapos. Estos harapos, por haber roto el tejido social, han sido remendados a fuerza de despropósitos, como pueden ser empobrecer a la clase media, con bajadas de salarios y subidas de impuestos, y acabar de hundir en la indigencia más absoluta a las clases populares con más drásticas bajadas de salarios e igualdad, eso sí, en las subidas de impuestos. Esta semana se está hablando de que España está en venta, y Europa podrá convertirse en una almoneda, si cree que le van a comprar lo que aquí desesperadamente se está vendiendo ya a precio de saldo. Esta transformación, metamorfosis la llaman algunos, de un continente en un contenido y de un contenido en un contenedor, no nos va a salir gratis, aunque nos den ¡un palo! para poder rebuscar entre los despojos. Europa no puede hacer caso a tanto traficante de esperanzas y comerciante de sueños. Europa tiene que reconocer que no puede alimentarse solamente, mientras se arrastra como una oruga, y tejer su capullo y esperar tranquilamente, porque los mercados de la seda no le van a permitir romper los hilos para volver a liberarse. Josemª |
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