Casabermeja
Con el cambio de siglo cambié de continente, regresé a Europa, esta vez a la incomparable Andalucía y aquí me he quedado, en Casabermeja, con su amables vecinas y vecinos, con su elegancia urbana, con su vista del cerro el co', Casabermeja. El caracter cosmopolita de l@s andaluces me agrada sobremanera. Aquí encontré un espacio para mí en este pueblo. No tenía plan de quedarme pero tampoco de no quedarme aquí cuando vine a vivir a Andalucía, pero me he quedado y me siento alegre por haberlo hecho. Aquí he encontrado el espacio de participar; mi caracter poco convencional ha sido aceptado, tengo amistades profundas en este pueblo, doy gracias a la vida por todo esto.. y la historia sigue!
LA NOVELA
La novela 'Más sabe el Diablo' la escribí con el deseo de cristalizar lo vivido para poder dejar atrás la rica experiencia que había vivido, para no quedarme empantanada en el pasado, para liberarme de mi historia para poder estar abierta a lo que viene. Espero que les guste. Salta un poco en el tiempo, pero poco a poco verán emerger una historia que es una sola y plasmé en la historia unos aconteciminetos criminales que sólo imaginé pero que bien podrían ser la verdad.
"Más sabe el Diablo" Por Miranda Collet
Casabermeja, Málaga, España, abril, 2006.
Este libro está dedicado a la Diosa, que todo ama, todo sabe, todo entiende y todo perdona.
CAPÍTULO I. La Sorpresa
Yelapa, zona de guerra en el norte de Nicaragua, 1987, en el séptimo año de la Revolución Sandinista, (1979-1990)
Mariposas azules en sábanas floreadas, noche fresca y fresco el aire de Yelapa. Sábanas frescas y corazón caliente. Manos fuertes, brazos calientes, piernas calientes.
De la ciencia un calidoscopio de rayos láser. De México un sol de barro. Estrellas doradas aterrizan en la puerta; así es el aposento nuestro.
Aquella noche compartimos mazapán, él y yo. Bebimos leche caliente en pocillos azul agua.
Luego nos bañamos con agua tibia de un cubo.
Con harto gozo nos tiramos a la cama donde permanecimos entrelazados, respirándonos el aliento del otro hasta quedarnos dormidos al ritmo de tilín de la campanita de ónice blanco que sonaba con el aire.
Dormida, yo volteé y él me abrazó. Él volteó, y yo lo abracé.
Despertarse en la noche era darse cuenta de lo lindo que es estar juntos. Toda la noche nos encontrábamos así; soñábamos y nos despertábamos, para luego dormirnos. Y soñando nos encontramos y dormimos y soñamos
El amanecer me encontró acostada de lado, al lado de él que dormía. El aire era fresco y nuevo. Con los ojos cerrados facilmente me deslicé, metiéndome dentro del sobre de bienestar de anoche.
Allá estaba yo, suspendida en la nube más alta, sin ningún dolor en ninguna parte, cuando abrí los ojos. A un metro descansaba el rifle de él, un arma viejo con sus cartuchos, que vive allá, olvidado, silenciosamente arrimado a la pared. No me acuerdo de haber sentido nunca tan honda pena por lo chiflado que es la guerra.
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