Ya de niños, era costumbre extendida en todo el pueblo de encontrarnos o iniciar nuestros juegos en las fuentes públicas. De hecho, las tenemos memorizadas prácticamente todas y ligadas a recuerdos entrañables. Yo especialmente recuerdo mi querido Pilar del Arroyo Blanquillo, dónde tantos baños me dí, tantos tábarros reviví y tantas guardias hice con las gomas que ponían los vecinos para llenar sus bidones (algunas pesetillas me gané). Y que decir de la de la plaza. ¡Cuantos recuerdos, cuantas guerras de agua, cuantas palizas al llegar a la casa chorreando!
De jóvenes, muchos pasamos por la llamada reunión (centro Mies) donde tantas y bonitas experiencias vivimos con los inolvidables Pepe Plana y Manolo Córdoba entre otros.
Sinceramente, creo que de una forma u otra, estas experiencias nos ayudó a formarnos como personas. También salieron muchas parejas que hoy después de tanto tiempo, tienen bonitas familias montadas.
Y si de jóvenes teníamos algo en común todos, era nuestra querida discoteca del Cordero por la que pasamos todos en mayor o menor medida. Era el punto de encuentro donde nos acechábamos los niños a las niñas o viceversa. Todo esto claro está, con un buen pelotazo
Tantísimas parejas que salieron del Cordero, autóctonas o mixtas, con churrianeros, malagueños, laurinos, cartameños, etc etc. Hoy todos ellos alhaurinos de primera totalmente integrados.
De donde se crearon bonitas familias como las anteriormente mencionadas. Hoy del fruto de estos matrimonios hay montones de hijos muy preparados y con un futuro esperanzador por vivir.
El Cordero, lo queramos o no, es parte de la historia de nuestro pueblo. En mi opinión formó parte de nuestras vidas como la de tantos alhaurinos.
La fiesta de este sábado la hemos planteado con la idea de compartir un rato con amigos de toda la vida con los que no tenemos mucho contacto, sólo un “hola y adiós”. Espero que esto sea algo más y podamos charlar y divertirnos un buen rato mirando hacia el futuro.
Carlos Martín Povea |