Es obvio por reiterativo, (no es preciso más que ver los medios de todo pelaje), que la sociedad demanda profusamente una regeneración de las instituciones, fórmula que oculta un descontento generalizado no solo con las instituciones, sino también con personas y personajes e incluso con el sistema político-económico que nos hemos dado. Pues bien, tranquilidad, este modelo social tiene sus días contados. Lo de días, no deja de ser un desideratum, pero debemos confiar en que así va a ser. |
El modelo social vigente, surgido de la revolución industrial, y posteriormente matizado por la influencia de las guerras mundiales y el nuevo orden surgido de las mismas, sobre todo después de la GMII., con el afianzamiento del liberalismo económico, el hundimiento de la URSS, y con ella el sistema económico socialista, este modelo social, envuelto en la capa de la pseudo democracia, tiene sus días contados. Es difícil desde dentro del sistema, percibir que lo que nos han vendido como lógico e incuestionable, no es más que una situación transitoria, cuya finalidad es extinguirse cuando se alcancen las condiciones adecuadas para ello. La democracia actual, es solamente el menos malo de los sistemas políticos posibles, como así han reconocido alguno de sus mas firmes defensores, pero a la postre un sistema manifiestamente mejorable. Buscando la analogía, si pudiésemos retrotraernos a la Edad Media, en la plenitud de vigencia del sistema feudal, percibiríamos que para la mayor parte de la masa humana, era un sistema natural en si mismo, el señor reinaba, sometía, sojuzgaba y percibía sus diezmos a cambio de proporcionar a sus súbditos un espacio de seguridad frente al resto de depredadores. Hoy de manera análoga, asumimos que solo los gobiernos basados en los votos, que nosotros libremente otorgamos, se constituyen en todopoderosos protectores que nos permiten un cierto espacio en que podamos realizar nuestros negocios ( por supuesto tras el pago del diezmo correspondiente), y todo ello consiguiendo que nos creamos libres, que somos nosotros mismos los que elegimos, que los gobiernos actuaran como nosotros hemos decidido a la luz de unos programas absolutamente falsos, que fluctúan entre la demagogia y directamente el engaño. Pues bien, este sistema, reitero, tiene fecha de caducidad. El día será aquel en que nos planteemos que no necesitamos estas instituciones, que hay otras formas de alcanzar los mismos fines, que partidos, sindicatos y poderes facticos son algo que si alguna vez sirvieron para algo, esa no es la realidad de ahora mismo, pero esto lo analizaremos mas adelante. |