Supongo que no seré la única persona de este país, que empieza a estar asqueado por la reiteración que los medios de “incomunicación” hacen de los distintos episodios de corrupción que se van sacando a la luz, sospecho que al ritmo que al cuarto poder conviene, para favorecer sus ventas y reafirmar su estatus. Este hartazgo, se prolonga hacia las intervenciones de una gran parte de la casta política que soportamos, que encuentran aquí el filón para tratar de justificar sus desmesurados estipendios, y difuminar su incompetencia para la labor que el ciudadano espera de ellos. |
Es difícil encontrar entre los bípedos que se atribuyen la facultad de crear estados de opinión, alguna voz que merezca ser escuchada. Las tertulias, los reportajes, la “información” escrita, incluso algún libro con pretensiones, no aportan nada que merezca la pena retener, a no ser algún nuevo barbarismo descalificante o eslogan dirigido a la masa bípeda, tan maleable ella. Desde este modesto rincón, donde se nos otorga la palabra, me propongo plantear una serie de cuestiones, que espero merezcan la consideración de los lectores, con la finalidad de que en alguna medida sirvan para espolear las dormidas conciencias de las personas que se sientan identificadas con estos postulados. La persona debe ser el centro y destino de la acción publica. La función pública es un honor y la máxima responsabilidad para el designado. La Libertad, la Justicia y la Equidad son el referente último y único de la actuación de los representantes.
Antonio López Delgado
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