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¿Viejo yo?

Helena Trujillo Luque. Psicoanalista. 16.10.06 

Ayer me asusté, leí en el Diario Sur la noticia de que los mayores que sufren malos tratos no denuncian por miedo a ir a una residencia. Parece que llegar a viejo en este país es casi un suicidio. O te maltratan en las residencias, o te maltrata la familia o malvives solo en casa. La vida trae consigo el inexorable paso del tiempo, crecer, sin embargo, parece que duele. Todos tememos la llegada de la vejez, demasiado asociada a enfermedad, deterioro, soledad. Me pregunto ¿estamos preparados para envejecer?


Sé que nadie está pre-parado para nada, todos tenemos que aprender a tolerar el paso del tiempo, tiempo que viene asociado a la palabra muerte. Nadie nos educa para saber vivir sin huir del final. Si os dijera que tanto jóvenes como viejos estamos igual de cerca o lejos de la muerte. A todos, algún día, nos llegará la hora, mientras tanto hay que vivir como si duráramos unos 200 años, con esa intensidad.

La vida de cada uno depende de sus propios pensamientos y deseos, nada de suerte o casualidad. Llegar a mayores para estar en un asilo, maltratados, o en casa de un familiar, como un inútil, dependen de lo que nosotros hayamos hecho para conseguirlo. Tal vez sea el momento de decirles que cada uno tiene que aprender a ocuparse de su vejez. ¿Queremos estar en manos de otros? ¿Queremos pedir una limosna de amor? ¿Queremos ser unos pobres viejos?

Es mejor que cada uno se ocupe de sus cosas y sabemos, una vejez sin dinero no puede ser buena. Con dinero podemos comprar servicios y calidad de vida, entre otras cosas, para no depender de nuestros hijos. Desde jóvenes tenemos que cuidar nuestros deseos para permitirnos una vida menos sufriente. Tener dinero no quiere decir estar por encima de los demás, quiere decir que uno es capaz de trabajar para lo que desea. Decir yo quiero tal cosa y no tener el dinero para ello, es lo mismo que decir YO NO QUIERO.

No todos llegaremos a viejos, sin embargo, un joven puede sentirse más viejo que alguien que le doble en la edad. La vejez es lo de menos, tratar de ocultar el paso de los años es la única vejez. Es muy frecuente ver personas obsesionadas por su aspecto físico, por ocultar sus arrugas, por vestir de forma juvenil, con la intención de permanecer en un tiempo de su vida. Sin embargo, por mucho que queramos escapar de ello, no vamos a poder. Hay que conquistar los años con dignidad, lo que no quiere decir que no tengamos que cuidar el cuerpo que tenemos, sabiendo que cada arruga forma parte de nuestro ser.

Otras personas, parecen más resignadas y sólo nos hablan de sus dolores, padecimientos, pérdidas, como un deprimido cuando habla de sí mismo. Ya lo dice el poeta: Hubo un instante en mi vida que mis arrugas y mis dolores tenían más fuerza que mi pensamiento, en ese instante fue donde envejecí. El envejecimiento es, entonces, sentirse viejo, caduco, inservible. No tener deseos es lo que nos conduce irremediablemente a la muerte y ser mayor no significa “no desear”, significa tener deseos diferentes, nuevos.

El Psicoanálisis recomienda a cualquier edad comenzar a aprender una nueva disciplina, ya sea aprender a pintar, a tocar el piano, comenzar una carrera universitaria… porque más allá de terminarla o no, lo que interesa es la dimensión que le da a una persona ser aprendiz en algo, la energía que se genera y los deseos.
El Psicoanálisis piensa la vejez de un modo distinto al de la gente de la calle. No son las neuronas las que se deterioran, son las relaciones sociales. Justamente una vez que uno se jubila pierde un montón de relaciones, parece que el jubilado no es importante para nadie. Tristemente, la sociedad tal y como está planteada, nos trae una vejez marginal, donde se nos va apartando de los lugares, amores, amistades.

¡No señores! Uno no tiene que ser importante para el otro, tiene que ser importante para sí mismo. Las cosas hay que hacerlas por deseo y, como he dicho, para vivir hay que desear. Una persona con 50, 60, 70 , 80 años puede emprender un nuevo proyecto empresarial, comprarse una nueva casa, cambiar de pareja, LO QUE DESEE.

Ocurre que tendemos a comparar, a decir antes podía hacer esto y ahora no, antes, antes… Uno se olvida que ahora, cada instante, es distinto. No podemos pensar cada tiempo de la vida con las mismas ideas. Por ejemplo, la adolescencia con las ideas infantiles, la vejez con las ideas de cuando uno tenía 30 años. Si pensamos ese tiempo de nuestra vida con las mismas ideas de antes, nos va a ir mal. Lo nuevo hay que pensarlo con nuevas ideas, de esta forma no existe la vejez, es una etapa más de la vida, donde no se acaban los deseos, HAY OTROS DESEOS. Hay que averiguar cuáles son.

Les propongo, como el poeta, jugar a ser “indios grises”, que luchan por la construcción de un futuro que vivirán otros. ¿Joven? ¿Viejo? Lo importante es que no hay edad para comenzar una nueva vida. ¿SE ANIMAN?

Helena Trujillo Luque.
Psicoanalista de la Escuela Grupo Cero
C/ Esperanto, 9-2ºD Málaga
Telf. 952 39 21 65 – 626 67 33 22
www.htpsicoanalisis.com

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