El demonio, que prácticamente ha estado algo arrinconado durante casi todo el papado de Benedicto XVI, ya que era un Papa muy ilustrado, resucitó en los foros religiosos, tras sus últimas referencias al “Maligno” y a ese ser misterioso que “trabaja sin descanso contra Dios y su Iglesia”. El pasado día de Pentecostés, mientras Andalucía se enajenaba con su “Blanca Paloma”, el papa Francisco “simplemente oró por una persona que sufría”, según comentaba su portavoz, Federico Lombardi, ya que “no tuvo ninguna intención de llevar a cabo un exorcismo, si bien impuso sus manos sobre un niño enfermo”. Sin embargo, los exorcistas que han visto las imágenes no tienen dudas: “ha sido un exorcismo, porque el papa Francisco ha realizado una plegaria de liberación del demonio (exorcismo) en un niño enfermo”. En las imágenes se ve cómo el niño abre la boca, mientras el Papa sigue rezando con sus manos apoyadas en la frente del enfermo. Del Maligno y de la maldad se ha hablado también, en la propia Radio Vaticana, haciendo referencia incluso a los medios de comunicación, “ya que siembran confusión y descrédito sobre la Iglesia y su gobierno”. Con este caldo de cultivo, en nuestra España se está levantando una polvareda o una cortina de humo, quizá porque estamos afectados de las acechanzas del Maligno. Se está estudiando la formación de exorcistas, para que puedan atender a tanta alma poseída como nos podamos encontrar. Nos resulta, al menos, curioso que se reaccione tan bien y tan pronto, por los acontecimientos del día de Pentecostés en Roma. Siempre se ha dicho que “la ocasión hace al santo”, cuando en algún momento se citaba que “la ocasión hace al ladrón”. Está claro (aparte de las ocasiones que muchos no han dejado de escapar) que en esta tierra nuestra, bipartita por más señas, se acuda a bote pronto a solucionar problemas de “endemoniados”, sin reparar si tal situación y afección están siendo provocadas por razones terrenales y no sobrenaturales, por destrozos materiales e inhumanos y no por contagio espiritual o psicológico. Thomas F. Glick, en su libro “Darwin en España”, nos refiere “cómo el párroco de San Telmo, en Las Palmas, leyó, desde el púlpito, la condena de Gregorio Chil, defensor del darwinismo. Apenas había pronunciado el nombre de Chil, un perro saltó hacia el altar y comenzó a ladrar. El animal parecía combatir el veto eclesiástico, pudiendo a duras penas terminar el sacerdote la lectura del documento, contrariado por el can, que produjo la hilaridad en el auditorio. Algunos creyeron que Satanás, por la boca del perro, se declaraba en contra del mandato episcopal; otros, que era la expresión del sentido común”. (“La Prensa”, 17 de agosto de 1876). Por lo visto, el “Príncipe de este mundo” (Mundo: otro enemigo del alma) no cesa en su empeño de amargarnos la existencia. “El diablo anda suelto” y tenemos que pararle los pies. Quizá sea oportuno que en España se aumente el número de exorcistas. Pero pensamos que el “Padre de la mentira” (Juan, 8: 44) andará más suelto por los mentideros políticos que por las almas inocentes de los enfermos. En el alma de los “amiguitos del alma” se cuela “el padre de la mentira” como gato por su casa. No queremos hacer ninguna referencia, tirando del animalismo, a aquella piara de cerdos que se precipitó al mar en la Gerasa del Nuevo Testamento, cuando Satanás reconoció ante Jesús que eran legión (Mateo, 8:32; Marcos, 5:13 y Lucas, 8: 33). Pensamos que la religión debe quedar aparte de los vaivenes políticos, pero si se empeña, preferimos que empiece a desterrar los demonios de los hipócritas y mentirosos, desalmados donde los haya, y que las almas indignadas y sencillas recuperen por sí solas la serenidad, sin tener que soportar, al sereno y a la intemperie, los desahucios y la exclusión social.
Josemª |