El sistema está perfectamente trazado: el vecino del quinto sueña con comprarse un coche más grande que el de su cuñado y la máxima aspiración de su mujer, hacerse una liposucción y llevar el modelito que lució la princesa Leticia en su última gala. Lo demás les importa un bledo, háblales tú de gases contaminantes y verás.
La máxima de nuestra era es la del “sálvese quien pueda” y los que vengan detrás que arreen aunque sean nuestros propios hijos. No se piensa el futuro porque no sabemos siquiera si llegará, ni nos importa. Nos prometen un mundo “feliz” repleto de coches que te guían, máquinas inteligentes que dan calor, frío, incluso amor virtual. Pero el sistema no conoce límites, cada vez más: tu hijo quiere móvil nuevo, tú, un chalet con piscina y tu mujer, vacaciones en las Maldivas. Cuando lo consigáis sin haber terminado de pagar las letras aún, otras nuevas aspiraciones llegarán, pero claro, si no lo conseguís, vendrán las depresiones y los suicidios porque no os adaptáis al “jodido” sistema. La ley de la jungla en la que vivimos es así; estamos inmersos en una noria que gira y gira y nosotros nos dejamos llevar. No te plantees bajarte de la noria, no, porque entonces serás un tipo raro y despreciable. Tú sigue girando que se es más feliz en la ignorancia.
Y para qué hablar de los instructivos programas de la tele que premian al que tenga más talla, aunque sea de quirófano, al que mejor sepa mentir, etc. Esta es la educación en valores que transmitimos a nuestros hijos y luego les pediremos que defiendan el medioambiente y que lean cientos de libros. Que no estás en la onda, te dirán.
Mejor no estar informados porque es que encima somos los culpables de todo…
· Que hay cien muertos en la carretera este fin de semana, la culpa es nuestra. · Que consumimos millones de litros de agua, la culpa es nuestra. · Que el mar está contaminado, la culpa es nuestra. · Que necesitamos miles de megavatios de suministro eléctrico, la culpa es nuestra porque como no podemos vivir ya sin los climatizadores, así que arreando. Encima, nos hacen un favor montando la central térmica, pues es absolutamente necesaria y da muchos puestos de trabajo. Los que se forran y contaminan con ella no tienen culpa, la culpa es nuestra. Si no fomentan otro tipo de energía es porque no es tan rentable; cuando les concedan subvenciones o intereses, ya lo harán y nos contarán que se han hecho ecologistas y nos lo creeremos ¡somos como niños!
Con este panorama es como predicar en el desierto pero yo te animo, Paco, a que lo hagas. La condición humana es extraña pero no infranqueable. Hay que convencer y llegar al corazoncito de cada uno de nosotros. Una vez logremos llegar ahí, lo demás vendrá por sí solo. Cuando muchos despierten del estado de coma en el que se encuentran sumidos, no habrá quien los pare. Esperemos que llegue pronto y que tú y yo lo veamos. Salud.
Lina Arlandis Mendoza, ciudadana y vecina de Alhaurín de la Torre |