Ya hace unas cuantas fechas supimos que el Sr. Presidente, durante su visita al “Rocío Chico”, nos aseguró sentirse "reconfortado". "A veces –nos dijo como si fuéramos sus amigos del alma- estamos pensando siempre en lo material, y al final los seres humanos somos sobre todo personas, con alma y con sentimientos, y esto es muy bonito y me reconforta mucho". No podíamos esperar menos de un Presidente “como Dios manda”. Y además anda por El Rocío y sus andares, que ahora coinciden con la declaración del “Año jubilar Mariano”, nos hacen no perder puntada de esta intervención espiritual que parece ser la divisa de este gobernar “como Dios manda”.
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Con tantas pasadas y repasos por esta espiritualidad hispana, nos hemos reencontrado con una política mística, que se nos había olvidado, porque pensábamos en lo material, sin darnos cuenta de que esto nos debía parecer feo. Aunque se podría haber dicho que (lo del alma y los sentimientos) más que “bonito” era “precioso”, que suena idem, no se hizo porque precioso viene a significar que “tiene precio” y ya esto es rayano con lo material. Esta pasada, como otras tantas, del gobierno patrio por la espiritualidad nos ha devuelto a la vida de la política misteriosa, que se nos había quedado en el baúl de los recuerdos. Renovar el espíritu patrio con todos sus aditivos no es más que desempolvar y quitar ese polvo material que se nos había adherido de un tiempo a esta parte. El Sr. Presidente, como un nuevo Moisés, bajó de su Sinaí onubense y a los que no nos queda un euro, nos ha acusado indirectamente de estar adorando al Becerro de Oro. Le ha faltado el canto de otro euro para no rompernos las tablas de nuestras leyes, porque lo piensa hacer poquito a poco. Nuestra alma política ha recuperado su almáciga de virtudes no menos patrias y no menos marianas. Ahora nuestro semillero está preparado para ser un plantel espiritual del que se nutran todos nuestros amigos del alma. No esperábamos menos del Gran Recortador del Reino, que nos ha traído la espiritualidad europea, porque a Europa le va a parecer hasta excesivo, por materialista, lo de, por otro lado tan hispano, “contigo pan y cebolla”. Con tantos recortes, nos volveremos más espirituales, porque nos torpedean nuestra línea de flotación no para hundirnos, sino para quitarnos lastre material, que es lo que nos pesa a todos, y hacernos más ligeros sin trabas materiales. No podemos olvidar que los cañones con que nos fusilan nuestro materialismo también tienen alma o ánima. Tampoco podemos dejar de reconocer que de sus cálidas bocas, asesoradas de bocachas, salgan cálidas palabras para que no nos quedemos fríos ni nos falte el espíritu, el aliento. Nos “reconforta mucho” espiritualmente que nuestra nacional alma de cántaro se alimente con toda la devoción que precise en estos momentos tan duros y que nos hacen tan frágiles. De siempre se ha dicho que en cuerpos frágiles habitan las almas fuertes. Esto es lo que verdaderamente nos reanima, tras el duermevela penoso y material que nos había embargado durante tanto tiempo y que había hipotecado todos nuestros sueños, repletos de espiritualidad. Ahora sí que tenemos participaciones preferentes en la unidad de nuestro destino espiritual. Pensamos que este solar patrio y patriótico, que nos sostiene, debe dejar tranquilas a las religiones y a las mitologías (El Rocío se nutre de las dos) y no servirnos, un día sí y otro también, una atmósfera tan húmeda, casi de lágrimas, gallega por más señas, como la que alberga a las almas en pena. La política no debe abandonarnos ni abandonarse en los brazos de la Santa Compaña. No queremos que los amigos del alma, en pena, nos asistan con tanta frecuencia. Ya no nos hace falta que nos hablen de rescate, sino que desde cualquier esquina, terraza o templo laico también nos hablen de resurrección, porque es lo que verdaderamente nos reconforta.
Josemª. |