Mientras veo la peli no pienso en nada de esto que ahora escribo. Solo veo tres historias de amor situadas en tres etapas de la vida y en tres edades de ese sentimiento tan bipolar como es el amor, capaz de hacernos sentir el mejor como el peor. Ya sabes, en función del rechazo o la aceptación. Los personajes de estas historias viven el amor en un momento distinto de la vida y en una fase diferente del amor.
Los jóvenes (Aida Folch y Nicolás Coronado) que están iniciando su camino individual en la vida y se encuentran. Donde todo el camino esta por andar. Juntos o separados, no se sabe, pero viviendo la ilusión del momento y el futuro ya se verá.
La pareja madura (Alberto San Juan y Blanca Romero) que ya tiene un camino andado, han compartido experiencias y aventuras pero ahora no comparten los cambios que experimentan en su vida. No sedan cuenta de que no le hablan al otro de sus propias vidas. En ese aspecto ya son independientes, dos líneas que no se cruzan, no convergen, a pesar de que a veces vuelvan a tener esa complicidad que un día tuvieron. Eso forma parte de la cotidiana naturalidad.
El reencuentro del amor, la convergencia de dos líneas en el infinito, se produce en la tercera edad (Petra Martínez y Carlos Álvarez Novoa). Un futuro en el que en las edades anteriores no se nos ocurre pensar. Y sin embargo llega esa tercera oportunidad. Volver a recuperar emociones que parecen imposibles. Da esperanza pensar en esa idea. Por cierto, me descubro ante los actores veteranos, dan una lección de credibilidad.
Las tres historias covergen, valga el recurso geométrico del director. Los personajes se mezclan las historias se cruzan, a veces tocándose, otras transcurriendo paralelas. No son historias especiales. Supongo que hay millones como ellas. Esta película no te hará llorar, o puede que sí, eso depende de ti. ¿Me olvidaré de esta peli? Puede que también, pero soy un romántico, me encantan las historias de amor. Lo confirmo al 100%.
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