En esta ocasión tenemos a Mario Casas y María Valverde como atractivos para el gran público que quizá se decepcionará al escucharlos hablar con acento jiennense. Hay que reconocer el esfuerzo de los actores por interpretar con los distintos acentos que tenemos en Andalucía, algo que de Despeñaperros para arriba no suele distinguirse. No les queda perfecto, pero el trabajo para conseguirlo se aprecia.
Es cierto que es otra película de la guerra civil, aunque basada en un hecho real. Me encuentro con el mismo mensaje, el de la lucha entre hermanos y amigos, entre los iguales. Una lucha absurda en muchos casos. Esta película no trata de buenos ni malos, cada uno tiene sus justificaciones para luchar en uno y otro bando. Solo hay un mensaje que parece repetirse en boca de unos y otros, la importancia de ser libres.
Mientras veo la película me pregunto si la fotografía que observo, llena de ruido, es intencionada o es fruto de los conflictos internos que esta producción ha sufrido hasta llegar al punto en que esta película no tiene director, al menos no aparece en los créditos. Al parecer, el director dejó la producción antes de terminar el rodaje iniciando una batalla para impedir que la película se proyectase, una guerra que ya parece haberse resuelto.
La película se me ha hecho una mijita larga, aunque reconozco que me ha gustado más de lo que esperaba. Es verdad que es una película más sobre la guerra civil, pero pienso que cuanto más lejos están las fechas en las que ocurrió, cuanto más jóvenes son las personas que acuden a las salas de cine, más necesarias son este tipo de películas que recuerdan algo que ocurrió en este país no hace tanto y que no debería volver a ocurrir.
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