Echando mano a la memoria creo que fue el año pasado, coincidiendo en la tradicional subida al Veleta, cuando se gestó esta visita al coincidir con Juan de Dios, “el maestro” en las últimas rampas cercanas al Veleta y no es que hablásemos en ese momento sobre ese asunto en particular sino que presentíamos que este viaje a Cartagena más pronto que tarde llegaría.
A las 15:00 arribábamos a la estación de ferrocarril de cartagenera, puntual como un reloj nos recibe Juan de Dios, con los brazos abiertos, que son los suyos y los de todos los amigos-as que representa y en extensión la de todos los cartageneros. Nos alojamos en la residencia militar La Muralla, en la habitación, espartana pero acogedora, me sobresalta las horas y horas que a buen seguro los cadetes militares dedicaban a estudiar para superar sus pruebas castrenses de acceso a la escala de oficiales. Tras descansar un poco pasamos a recoger los dorsales en los stands habilitados para ello en el puerto, donde somos recibidos con bastante expectación y muestras de cariño, saludando de paso a simpatizantes del trail local. Tras este emocionante encuentro nos dirigimos hacia las puertas del ayuntamiento donde realizamos la obligada foto de grupo, y casi a continuación la cena, que el viaje y la carrera del día siguiente nos pide reponer fuerzas y descanso.
La carrera se inicia en el puerto de Cartagena, un puerto perfectamente integrado en la ciudad o al revés, pues no se sabe muy bien dónde empieza una y dónde acaba el otro, llegamos con media hora sobre la estimada para la salida, en el ambiente de la calle principal ya se manifiesta los típicos nervios que algunos liberan con breves trotes o bien charlando animadamente con los amigos sobre su estado físico en general y lo que espera de la carrera. En este escenario continuarían las muestras de afecto y cariño, lo cual no decaería en toda la jornada. Estrechando manos y haciendo fotos con los aficionados que lo pedían nos acercamos a la línea de salida aún sorprendidos con este cálido recibimiento.
El puerto de Cartagena está rodeado de atalayas naturales, colinas sembradas de fortalezas que desde tiempo remoto fueron usadas como lugares estratégicos defensivos, así que la idea es así de simple, enlazarlas en una carrera sobre una distancia de 51 kilómetros. La salida es rápida, muy rápida, acostumbrados en otras carreras de montaña a salir, a la menor de cambio, a “pechorriba”, esto se parece más bien a una estampida, todos dispuestos, profesional o aficionado, a ocupar un lugar preferente en la subida por sendero al primero de los obstáculos, el monte de la Ermita del Calvario, para bajar por la cara opuesta rápidamente en busca del siguiente espolón y así hasta cinco al menos, siendo el Roldán el más elevado de ellos, el que se llevará en el recuerdo de la inmensa mayoría de los esforzados participantes los momentos más épicos, para llegar jadeantes pero muy felices a la enorme explanada que la armada tiene acondicionado para la instrucción de cadetes en la jura de bandera, hoy como meta.
Se trata de una carrera mixta asfalto-tierra con unos 30 kilómetros de asfalto, que coincide a grandes rasgos con las zonas de transición entre las distintas fortalezas, impresionante la de S. Julián, y el paso obligado por casco histórico de la ciudad, con un ambiente excepcional sello indiscutible de la casa. Sólo pasar por ahí y vivir esos metros entre aplausos y vítores merece la pena participar, y es que en la jornada previa ya comentábamos con nuestros anfitriones la gran popularidad y auge que este tipo de carreras está teniendo en Cartagena. La señalización del recorrido es estupenda, soldados y voluntarios dispuestos en cruces y puntos conflictivos dirigen el tráfico de corredores en una perfecta sinfonía, como al día siguiente hemos de estar en Córdoba me adelanto para ganar tiempo y descansar algunas horas extras. Sorprende también el número de avituallamientos, la calidad y la gestión de los mismos, de hecho para la mayoría de los corredores bastaría ir con lo puesto o a lo sumo con un botellín de agua sobre todo si se quiere uno darse un refresco en las subidas, que no ha sido el caso porque el tiempo en esta ocasión ha sido espléndido. Tras recoger el premio al participante de más edad y cenar, nos despedimos de Juan de Dios y Conchi, su mujer, y nos dirigimos a la residencia donde dormiremos un par de horas, para mí sería la segunda cabezada. Poco más que decir de esta jornada, sábado 20 de abril, salvo agradecer de nuevo a los amig@s de Cartagena el trato tan familiar y entrañable con el que nos han obsequiado, sería una mala pasada por parte de mi memoria tratar de nombrar a cada uno de ellos, pero quiero a través de Juan de Dios, nuestra sombra, siempre pendientes de nosotros, hacer este agradecimiento público hacia todos ellos.
• IX Maraton MTB Trail Running BRIMZ “Guzman el Bueno X”. CÓRDOBA A la una de la madrugada y según lo acordado con el portero nos levantábamos porque este nuevo día, domingo 21 de abril, habíamos acordado con la organización de la IX Trail Guzmán de Córdoba que haríamos lo imposible por participar en esta carrera de 65 kilómetros por las sierras cordobesas. El viaje desde Cartagena a Córdoba es tranquilo, con muy poco tráfico y por autovía. Haciendo dos breves paradas para tomar algo caliente, café en mi caso, y otra más para repostar, entramos en la ciudad califal con algo más de una hora para preparar el material y dirigirnos hacia el arco de salida. A las nueve en punto y tras el corte de la cinta por las autoridades, el speaker de la prueba anima y desea a los presentes en esta aventura trailera sobre un recorrido espectacular, a la sombra de las encinas cordobesa de Sierra Morena y teniendo como fondo el tapiz florido que la primavera aporta, pero no nos engañemos por esta apariencia de bucólico paisaje, el desnivel de 2333 positivo y sobre todo la manera de alcanzarlo, le confiere una dureza que cogerá a muchos participantes fuera de juego, a nosotros por ejemplo.
Tendríamos que lidiar con una jornada intensa de calor, zonas técnicas tanto en bajada como en subida, vadeo de ríos, cortafuegos donde rodaban hasta las cabras, en un perfil ascendente que tendría su meta en el campamento militar de Cerro Muriano. Este recorrido diseñado por los amigos del Corduba Trail aprovechando la clásica ciclista es puro deleite para las piernas y el resto de los sentidos , y segura referencia de las pruebas que vendrán. Por poner un pero, a mi juicio bastante importante, mencionaré los tramos coincidentes entre los que corremos y los que se desplazan con la bicicleta. Incómodos y muy peligrosos tramos que a buen seguro la organización intentará evitar en futuras ediciones. A diferencia de la jornada de ayer, decido acompañar a mi padre, los ánimos de bikers, corredores, voluntarios y personal de la organización, nos alientan a continuar hasta meta, en todo caso siempre estaríamos en cola, cerrando, junto a los corredores escobas la competición. Paso a paso vamos apurando los distintos puestos de avituallamiento y los de control dejando corredores que han desistido de seguir sufriendo hasta que a falta de unos 20 kilómetros, somos nosotros los que estamos unos 15 minutos fuera de tiempo.
Se nos permite seguir, tenemos fuerzas y estamos dispuestos a llegar como sea a Cerro Muriano. En el control instalado en el kilómetro 53, nos espera un café, lo tomamos con ganas, sabiendo que restan unos 13 kilómetros hasta meta, dos horas largas casi tres, traducido a tiempo y teniendo en cuenta que el perfil iba picando hacia arriba. Nos disponemos a salir, pero nos comunican que por razones de logística desistamos y que nos acerquemos en vehículo hasta meta, así que con la sensación agridulce reflejándose en nuestros rostros nos dirigimos hasta allí. Consulto las clasificaciones y constato que nos han incluido entre los finishers con un tiempo que no nos corresponde. Agradecer desde aquí al CD Corduba Trail, a Curro en particular, la oportunidad de participar en esta bella prueba que será cita obligada de muchos en su planificación anual y cómo no a nuestros escoltas personales, en especial a Juanma que tuvo el detalle de alojarnos esa noche. Eltziar. Crónica finalizada el 25/04/2013.
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