 A veces se ruedan películas para lucimiento de su estrella. Normalmente se trata de bellas actrices, divas del séptimo arte. Otras veces, son galanes de cine o actores que quieren mostrar sus habilidades más allá de las propiamente interpretativas. En este caso, la película sirve de lucimiento de las cualidades del actor Eduard Fernández, uno de esos del panorama español que no destaca por ser guapo, ni probablemente proporcione ingresos en taquilla como otros de sus compañeros, pero que sin embargo garantiza una interpretación creíble. |
Eduard Fernández interpreta al típico tío que destruye todo lo que toca. De esos que acumulan conflictos y problemas a su paso, tantos como excusas y culpables ajenos. En esta peli interpreta a un veterinario que trabaja para la ganadería de su suegro. Una chica joven con la que tiene una aventura le convence para robar unos becerros de su suegro y venderlos, pero todo sale mal.
Miente a la chica con la que planeado el robo, miente a su esposa que le abandona. Trata de salvarse de la posible denuncia de su suegro y de ir a la cárcel por el robo recurriendo a distintas mujeres en busca de ayuda. Una antigua pareja es la primera, una abogada que le advierte de su situación. Él vuelve a justificarse, excusarse y contar sus mentiras o la su versión distorsionada de lo ocurrido. Siempre tiene argumentos.
Acude a su madre, ya acostumbrada a sus correrías y a que le pida dinero para solucionarlas. Es en esta conversación donde el diálogo escrito alcanza su punto álgido y se convierte en uno de los principales valores de la película junto a la interpretación de Eduard. El hilo conductor de la historia son esas mujeres a las que él recurre en busca de ayuda. Haciendo valer lazos emocionales antiguos y nuevos, no dudando en recurrir a cuentas del pasado para desviar la atención de él mismo y conseguir lo que quiere. Se ve que es un auténtico especialista. Recurre a su cuñada y finalmente a una psicóloga, la única con la que no tiene lazos afectivos.
Al final, el director decide dejar la película sin resolver, lo que se viene llamando un final abierto, algo que no me ha gustado. Supongo que pretende dejarnos elegir entre el final optimista en el que el protagonista decide finalmente tomar el camino correcto y dejar de engañar, manipular y mentir para afrontar con responsabilidad las consecuencias en lugar de trapichear de mil maneras para salvar su cuello a toda costa. O bien, que llegado el momento buscará la enésima forma de salirse con la suya. Reconozco que soy pesimista y que las personas que conozco y son así, no cambian, al final pase lo que pase vuelven a su dinámica habitual, viviendo en un regate constante. Mintiendo siempre porque sencillamente nunca han dicho la verdad. |