Las obras de Antonio Bernal, que fueron las primeras de toda la diócesis en abrir las puertas de la Catedral, se pudieron recuperar de la débil, pero molesta lluvia, que les cayó durante su paso por el recorrido oficial.
Entre gritos y vítores de los propios miembros de la cofradía y todos los que en ese rincón tan malagueño, en calle y balcones, se dieron cita, la emoción se disparó con unos capataces que se desgañitaban para colocar los tronos en las posición más adecuada para su encierro.
Un encierro que concluyó con atronadores aplausos al filo de una apacible medianoche. |