Para decir esto, lo cual era evidente sólo con entrar y ver uno de esos dantescos lugares, escribieron sesudos tratados que, rápidamente, publicaron en revistas especializadas (era la manera de adquirir fama y protagonismo dentro de su entorno, y “algo de dinero”, que también es importante). Pero siguieron “pensando”, y ahí fue cuando el problema se acrecentó hasta límites insospechados porque llegaron, también solitos, a la también conclusión de que la solución estaba en cerrar los psiquiátricos, no en reformarlos desde el punto de vista arquitectónico, de instalaciones, de tipo de atención prestada a los enfermos, de limitar el ingreso y la estancia en los mismos a aquellos enfermos que, real y objetivamente, y en determinados momentos, representan un peligro para sí mismos y para los que les rodean, no, esas instituciones tenían que desaparecer porque, al parecer, quedaba muy feo su mera existencia.
Todo este cúmulo de sapiencia, se vio plasmado en la Ley General de Sanidad, de 25 de abril de 1.986 que, de hecho, significó el cierre oficial de los psiquiátricos. La solución que daban los entendidos era que, por un lado, la farmacología había avanzado mucho en el campo de la psiquiatría y, especialmente, en el de la esquizofrenia, que es donde estaba y está el gran problema, por lo tanto, los enfermos, llevando un tipo de vida regular y, sobre todo, tomando de manera constante e inexcusable su medicación, podían tener una existencia normalizada; y por otro, que los enfermos, (todos, e insisto en el tema de la esquizofrenia y de la esquizofrenia paranoide), tenían que vivir en medios abiertos, en núcleos familiares organizados, porque era la mejor manera de integrarse en la sociedad. Desde el punto de vista asistencial, se crearon las unidades de asistencia o atención a enfermos mentales en ambulatorios y centros hospitalarios, con la finalidad de realizar un seguimiento de los enfermos y, en casos muy puntuales, facilitarles una estancia en los mismos, pero breve, brevísima, y de vuelta a casa. ¡Qué bonito!, ¿verdad?! Por cierto, se siguieron escribiendo artículos en revistas especializadas y hasta tesis doctorales. Pero claro, ellos y ellas, los doctos y doctas, se quedaron ahí, no fueron más allá y, por lo tanto, se presumía que todos los enfermos mentales y, especialmente los esquizofrénicos, iban a tener un entorno social y familiar que los iba a cuidar, que iba a estar pendientes de ellos y que ellos iban a responder fiel y dócilmente a esos cuidados e indicaciones tomándose sus medicinas cuando les correspondiera pero…..resulta que no, que, como suele ocurrir, la teoría va por un lado, y la práctica por otro, y los supuestos especialistas sabían perfectamente que un esquizofrénico, o un esquizofrénico paranoide que, para entendernos, son los más peligrosos desde el punto de vista de la agresividad, tiene temporadas bastante “normales”, pero de pronto, se le empiezan a aparecer sus fantasmas, sus demonios, su enfermedad, y le da por no tomarse las pastillas porque cree que quien se las da lo hace para matarlo, y resulta también que, generalmente, estas personas están a cargo y viven con sus padres, que son mayores y a su vez enfermos con diversas patologías y, aunque casos extremos como el que ha ocurrido recientemente en Dos Hermanas, no son frecuentes, (aunque suceden, y todos tenemos en la memoria más de uno y más de dos), sí son miles las personas que, además de con su ancianidad y sus enfermedades, tienen que vivir en un tremendo infierno, con el miedo constante a que el otro enfermo tenga un “mal día”, se levante con el pie equivocado, y ocurre que no ve a papá y a mamá, sino al demonio y a la bruja, y entonces ya la hemos fastidiado, porque no quiere ni oír hablar de tomarse sus medicamentos porque quien insiste en que se los tome son una bruja y un demonio y, desde ese momento, ya vienen las amenazas, las agresiones y cosas peores, como ha sucedido recientemente, lo cual, desde el punto de vista del enfermo mental, es una reacción normal porque ¿qué se puede hacer con y contra unos demonios y brujas que vienen a llevárselo?, pues, no hacerles caso en nada, lo primero, y lo segundo, eliminarlos ; es de una lógica aplastante para todos, menos para los doctos en la materia que, antes que dar su brazo a torcer y reconocer que hay personas que en determinadas circunstancias y momentos, no siempre, pero con comunicados, advertencias y notificaciones por parte de sus familiares, tienen que estar internadas y con unos cuidados muy especiales para que no se hagan daño a sí mismos ni a los demás, no les importa seguir manteniendo esta situación en la que se condena a miles de otras personas, los cuidadores obligados, a vivir una terrible pesadilla de impotencia y miedo.
Eso sí, cuando la sangre llega al río, entonces, rápidamente, al enfermo, que no asesino, porque verdaderamente él lo que ha hecho ha sido defenderse de sus temores y obsesiones, se le ingresa, no se sabe exactamente dónde, pero se le ingresa; entonces, casualmente, sí hay un lugar para hacerlo, lo mismo que existe, y se actúa rápidamente, cuando el enfermo mental que origina una situación de violencia y agresividad está directamente relacionado o a cargo de uno de estos especialistas. Bien, pues aquí seguimos, hasta la próxima, y a los que les ha tocado vivir envueltos en el pánico, que se fastidien, que para eso son sus familiares, o sus vecinos, o las personas de su entorno, y mientras tanto, seguimos alardeando, algunos y algunas desde su poltrona de super-sabios, de tener un sistema de salud mental maravilloso que fomenta la integración social de todos los enfermos. |