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D. Francisco Fernández Golfín, compañero y fusilado con Torrijos

Torrijos por la Libertad. 22.09.06 

Nació en Almendralejo (Badajoz) en el año 1767. Hijo del IV Marqués de la Encomienda Francisco Fernández de Córdoba Ulloa, ingresó muy joven en el ejército, luchando a las órdenes del general Ricardos como Cadete del Regimiento Provincial de Badajoz contra la Francia revolucionaria. Asciende a Capitán en 1796 y en 1808 es nombrado Ayudante de Campo del Marqués de Mora con quien sirvió en la guerra de Portugal. Se distinguió bravamente en su lucha contra los franceses durante la llamada “Guerra de la Independencia Española” o “Guerra Peninsular” (1808 -1814) obteniendo importantes ascensos. 

Participó en la defensa de Madrid, siendo ascendido a Teniente Coronel de Infantería. En 1809, junto a los hombres del Comandante Diego González Aragonés, encabeza la defensa de la Villa de Jerte, y es nombrado Coronel del Regimiento de Navarra y miembro del Estado Mayor del ejército del General Ballesteros.

En medio de este enfrentamiento, las Cortes generales y extraordinarias se instalan en la antigua Isla de León. Destaca la participación extremeña con 12 diputados representantes de la provincia, entre los que se halla D. Francisco Fernández Golfín que, como todos aquellos, prestó juramento el 24 de Septiembre de 1810.

Francisco Fernandez GolfinA partir de ese momento empieza su carrera política, interviniendo activamente a favor de la Libertad. Estuvo en 5 comisiones y participó 127 veces públicamente y 42 de manera secreta. D. Antonio Alcalá Galiano, en su obra “Recuerdos de un anciano”, expresa que Fernández Golfín, en sus discursos, entre otros diputados, era escuchado como un oráculo (con respeto y veneración). Entre los temas que trató destacan la organización del ejército español, el procedimiento para la elección de Ayuntamientos, la distribución de baldíos y terrenos comunes, la supresión de la Inquisición y la abolición de la tortura y la esclavitud, entre otros. También cabe destacar su esfuerzo para que se reconociera la independencia de las colonias españolas en América, proponiendo la creación de una confederación entre éstas y España.

Una vez acabada la guerra contra los franceses, Fernando VII, “El Deseado”, vuelve a España, procedente de su aislamiento en Valençay, para sentarse de nuevo en el trono. Pero eso sí, declarando “nulos y de ningún valor y efecto ahora ni en tiempo alguno” los decretos de las Cortes de Cádiz y la aclamada Constitución del año 1812. Vuelve a instaurarse el absolutismo, los ciudadanos vuelven a ser súbditos y cualquiera que defienda los decretos liberales es perseguido y declarado reo de alta traición. Muchos fueron condenados por sospecha “de su conducta, y dudas de su amor a nuestro soberano”, si no a la pena capital, al destierro y al presidio. Muchos diputados fueron encarcelados, entre ellos Fernández Golfín que, sin causa justa, es condenado a diez años en el Castillo de Santa Bárbara en Alicante.

Con el pronunciamiento de D. Rafael del Riego en 1820 se inicia el Trienio Liberal (1820 -1823) y Fernández Golfín sale de su prisión. El 21 de mayo de 1820 es elegido nuevamente Diputado a Cortes por su ciudad natal. El 30 de marzo de 1822 queda nombrado, en sesión del Ayuntamiento de Alicante, primer Jefe Político de la nueva Provincia y es recibido con entusiasmo por el pueblo alicantino, tomando posesión del cargo el 1 de abril del mismo año. Durante su mandato, creó la Diputación Provincial y persiguió las partidas realistas  que pretendían restablecer el absolutismo. Defensor del sistema constitucional dijo: “Creed, ciudadanos, que vuestro jefe político, fiel a sus juramentos, no se apartará jamás de la senda que marca la Constitución, ni consentirá, bajo ningún pretexto, que se atente contra ella, oponiéndose con igual firmeza a las maquinaciones de los insensatos que intenten privar a la nación de sus derechos y libertades (…)”.

En septiembre de ese mismo año, dejó su cargo presionado por los liberales “zurriaguistas”, pero no sin antes hacer hincapié en la importancia de mantener el régimen constitucional.

Desde el 4 de noviembre de 1823 desempeña interinamente el cargo de Ministro de la Guerra del último gobierno liberal. Su mandato será muy corto debido al restablecimiento del absolutismo en la persona del rey por el ejército enviado por la Santa Alianza, los llamados “Cien Mil Hijos de San Luis”.

Por ello, como muchos españoles, se ve obligado al exilio. Primero marcha a Lisboa y después a Gibraltar, donde participa en la creación de la Junta de Gibraltar, auxiliar de la de Londres. El objetivo de ésta es llevar a cabo un pronunciamiento organizado que devolviera al pueblo español las libertades que le había otorgado la Carta Magna de 1812 y restablecer la monarquía constitucional. Para su consecución, Fernández Golfín interviene activamente, destacando sus gestiones en Tánger para conseguir apoyos y recursos para la expedición. Es preciso destacar los momentos penosos que vivieron los liberales en “la Roca”, perseguidos por la policía inglesa y bajo la amenaza del Cónsul español, teniendo que separarse y esconderse.

Aparte de ello, son bien conocidos los últimos días de este triste episodio de la historia de España. Establecido Torrijos en Gibraltar, se llevarán a cabo varios intentos de “rompimiento” que terminarán en fracaso. El último, el que cerraría la Década Ominosa, sería el de diciembre de 1831, envuelto en el engañoso plan que el gobierno fernandino urdió bajo la acción del brazo ejecutor del, por entonces, Gobernador militar y civil de Málaga, Vicente González Moreno, para atraer a Torrijos y sus compañeros hasta un punto de la provincia para allí apresarlos sin que pudieran escapar. Torrijos no llevaba un ejército, llevaba una representación, ya que se trataba más bien de una cita concertada, pues “Viriato” insistió en que en Málaga les estarían esperando 2.500 hombres de la propia guarnición de la ciudad, además de otras tropas, para iniciar el pronunciamiento general en Andalucía que luego debía extenderse a toda la Península.

Una vez arreglados todos los detalles con el enviado de “Viriato”, el 29 de noviembre, Fernández Golfín y otros comprometidos, recibieron una carta para que se pusieran en marcha. El día 30, pasadas las nueve de la noche, las embarcaciones “Santo Cristo del Grao” y “Purísima Concepción” se dirigen a las costas malagueñas escoltados por el buque “Neptuno”.

Cuando ya se encontraban en las aguas de la provincia fueron atacados por dos barcos que los confundieron con contrabandistas. Al igual que éstos, el “Neptuno” empezó a cañonearlos y los liberales se vieron obligados a desembarcar en la Playa de “El Charcón” (actualmente Mijas), dejando en las embarcaciones la mayor parte de los pertrechos y víveres que llevaban. Eran las 5 de la tarde del día 2 de diciembre de 1831. Tras escuchar una breve arenga de Torrijos, los expedicionarios, portando algunos fusiles, documentos y una bandera, se internaron en la Sierra de Mijas creyendo que la traición del Capitán del “Neptuno” había sido sólo un imprevisto y que la Guarnición de Málaga les esperaba para ponerse a sus órdenes. Cuando llegaron a los términos de Mijas, las milicias realistas les recibieron con disparos y entonces, cruzando la sierra, llegaron a Alhaurín de la Torre (antes Alhaurinejo) el día 3 de diciembre, donde tuvieron el mismo recibimiento y perseguidos por infantería de línea se refugiaron en la antigua Alquería del Conde de Mollina, un caserío con una antigua torre árabe junto al viejo camino a Cártama, a menos de cuatro leguas de Málaga, donde recibieron alojamiento y comida por parte del operador de la finca. Allí, cercados primero por las tropas voluntarias de Alhaurín de la Torre y sitiados luego por las mandadas por el propio González Moreno, resistirán hasta que, ante la desproporción de fuerzas y los deseos de Torrijos de no causar bajas, acuerden el alto el fuego, y tras parlamentar ambos jefes, lleven a cabo una rendición “pactada” (eso les había hecho creer González Moreno) y tengan que rendirse él y sus hombres el 5 de diciembre, siendo apresados y conducidos a Málaga.

Cuando llegaron a la capital, Fernández Golfín y los demás fueron llevados a la antigua cárcel, y Torrijos quedó incomunicado en el Cuartel de Levante, donde estaba estacionado el 4º Regimiento de Infantería de Línea. El día 10 de Diciembre, Torrijos fue engañosamente llevado en un carruaje hasta el Convento del Carmen sobre las seis de la tarde. Dos horas después, Fernández Golfín y los demás liberales fueron conducidos al lugar. A todos se les reunió en el edificio más próximo a la iglesia: una larga nave rectangular de unos 80 metros de largo, situada al nivel del claustro, y cubierta por una gran bóveda de medio cañón. Es el Refectorio, que se convierte en capilla de los reos, en “antesala del patíbulo”. Allí mismo, custodiados por la guardia al mando de Martín Lucas, comandante del 2º Batallón del Regimiento de Infantería del Infante 4º de Línea, les es leída la sentencia de muerte procedente de Madrid y son confesados por religiosos de distintas órdenes, en su mayoría capuchinos. De la misma manera se les permite testar ante Francisco Piñón y Tolosa, un escribano que también participó en la traición. Fernández Golfín no testó, pero apoderó para el cumplimiento de su última voluntad al Padre José Joaquín Zapata, sacerdote del Oratorio de San Felipe, con el cual se había confesado.

En aquellos momentos sorprendió la entereza de Torrijos, que estaba dispuesto a ofrecerse para salvar a sus compañeros. Se dice que el insigne Fernández Golfín se levantó al ver el estado de tristeza de algunos de sus compañeros y les aseguró que aquella estancia se convertiría en monumento a la Libertad.

El día siguiente, 11 de Diciembre de 1831, a las once y media, fueron todos fusilados, sin excepción (entre ellos un grumete de 15 años), en las Playas de San Andrés. Fernández Golfín, casi ciego, tuvo que ser ayudado para llegar hasta el lugar de la ejecución. Su cuerpo, al igual que muchos, sufrió el saqueo y fue transportado en un carro de la basura hasta el Cementerio de San Miguel, donde fue enterrado en una fosa común.

Once años después de la ejecución, el Ayuntamiento Constitucional de Málaga erigió un monumento en la Plaza de Riego, hoy Plaza de la Merced, para recordar el sacrificio de aquellos hombres que dieron su vida por la Libertad de los Pueblos. Debajo se construyó una cripta en la que fueron enterrados todos en una solemne ceremonia.

Entre los más destacados, además de Torrijos, se encontraban D. Manuel Flores Calderón (Diputado y Presidente de las Cortes en el Trienio), D. Juan López Pinto (Teniente Coronel de Artillería y Jefe Político de Calatayud), Mr. Robert Boyd (Teniente británico), D. Francisco de Borja Pardío (Comisario de Guerra), D, Francisco Ruiz Jara (Primer Ayudante de la Milicia Nacional de Madrid). En total fueron fusiladas 49 personas.

Jon Valera

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