
La corrupción está determinada por la forma de convivencia impuesta, vivimos en un mundo impuesto ideológica y materialmente, un mundo basado en la insolidaridad y la competencia, un mundo que nos llama a poseer cuanto más podamos, a consumir todo lo que se nos antoje, en ese ánimo de lucro y avaricia competitiva y acumuladora.
Quizá sea un tópico, pero esa imagen que Europa tiene del español como fullero, pícaro, ignorante, orgulloso, indolente y torpe es expresión de un sistema social que tiene en el robo una fuente esencial de la acumulación y en la clase empresarial su más firme espejo.
La corrupción, es una enfermedad crónica, una práctica que pocos cuestionan, vivimos en una sociedad corrupta, la única diferencia entre los Bárcenas, Chaves, Camps, Pujol, Griñan, Bono, Urdangarín, Rato, Cospedal, Rajoy, la tía que uso una tarjeta que se encontró en la calle o los que cobraron de forma fraudulenta ayudas a la dependencia y el fontanero que cobra en B son solo de cuantía, pero en el fondo es el resultado de una sociedad corrupta.