Sin embargo, nuestras mujeres sigloXXI-a las que todos amamos y respetamos-, están penetrando por el susodicho techo con imaginación, fuerza y conocimientos suficientes y necesarios para poder desempeñar cualquier labor [trabajo], en el más estricto significado de la palabra, con el deber y el amor que han de supervivir en todas las relaciones humanas.
Nuestras mujeres son violadas y torturadas por propios y extraños, que muchas veces se quedan en el anonimato por temor a las represalias. Tienen temor a denunciar: temor que entiendo perfectamente, porque si denuncian…la muerte, su muerte, es casi segura. Y lo digo con la mano puesta sobre mi corazón, mi corazón que se conmueve como si fuera un volcán en erupción, cuando mis ojos ven y mis oídos escuchan que…: otra mujer ha sido asesinada por su esposo, muere en su casa una mujer apuñalada por su marido, un hombre mata a la mujer con la que vivía, un hombre mata a su mujer y a sus tres hijos y después se suicida…
Hemos de contar, no obstante, con las mujeres que durante siglos estuvieron trabajando bajo los códigos que habían sido enseñados por los hombres, tejiendo -con sus propias manos-telares y mil y una prendas para muchas fábricas y para el propio hogar. Formaron familias- al calor del fuego -con inmensa paciencia-, gracias a sus fértiles vientres y generosos pechos que amamantaron a los niños/niñas que viajaron y viajan en el tren de la esperanza, que camina lento y seguro hasta que la muerte nos llame, y diga: “Ven mañana…”. Amor, pasión, ternura, entrega, corazón, delicadeza…todo esto es la mujer, y mucho más.
Cuando me asomo a la ventana me olvido de todas mis preocupaciones-decía la pobre Julia-, que son muchas a lo largo del día. Y me digo a mí mismo: “Si quieres vivir-ríe y llora-, escucha las voces del agua y de los pajarillos perdidos…, sus cantos. Y el viento que rompe y amenaza…; y la lluvia, la nieve…; lloran las razas. Todo vive en la noche oscura, pero no escuches latidos corazones muertos; si quieres vivir…: vive”. Y es que debo recordar, muchas veces, para aprender de los demás…Así se expresaba mi pobre amiga Julia, ya fallecida.
Si creo, y siempre he creído, en el Liberalismo Político que siembre de ideales firmes y verdaderos las mentes de nuestra juventud, que es el futuro del mañana. Si creo, y siempre he creído, en el liberalismo político que fomente la actividad económica en todas sus formas. Si creo, y siempre he creído, en el liberalismo político donde todas las personas sean iguales ante la Ley (suprimiría los aforados), y donde exista fehacientemente una democracia libre con división de poderes (el poder judicial libre, en el amplio sentido de la palabra). Si creo, y siempre he creído, en el liberalismo político que defiende a “la familia” como cota superior de la vida asociativa: matrimonio hombre/ mujer, uniones de contratos sentimentales hombre/ hombre, uniones de contratos sentimentales mujer/ mujer, parejas sentimentales…En todo esto creo y mucho más. El concepto de deber y amor debe supervivir en todas las relaciones humanas.
Unos versos recuerdo para la féminas, que corren que vuelan y se me vienen a mi memoria: “Recuerdo sobre mi piel caricias/deseadas, pero no siento volar los pájaros-mis botas de barro lleno completo-, /más ahora mis oídos escuchan campanas/desiertas volando al aire. Se borra un tanto mi memoria, /pero…veo mil hijos vírgenes. Ellos henchirán la tierra prometida. Entonces cesará el tiempo que marcan los relojes, (…)”.
“Ladrones de guante blanco y rompe y rasga-del enamoradizo corazón femenino-, que buscan presas fáciles entre mujeres solteras, viudas o divorciadas, y, sin despreciar en ningún caso, a infieles casadas-que lo son-, porque antes fueron engañadas por sus propios maridos y con sus mejores amigas: este es el mundo actual del corazón humano…”.Esto no es amor, y el ladrón -que lo probó-, lo sabe…
El ancho mundo de Internet está sirviendo de plataforma para que desaprensivos hombres de mente estrecha, un hombre guaperas-diría uno-,que se sirvan de los e-mails para conquistar los corazones de mujeres que, muchas veces por las prisas que nos impone la actual vida, no disponen de tiempo para enamorarse cara a cara, y prefieren las Webs de contactos: muchas veces son objeto de robos de joyas, dinero, ropas…, con lo que los ‘cazamujeres’ de pocas miras y guante blanco hacen su agosto, y desaparecen cual si fuesen fantasmas que habitaban en los castillos medievales.
Siempre existirán seductores de mujeres, ladrones de guante blanco y rompe y rasga-del enamoradizo corazón femenino-, que buscan presas fáciles entre mujeres solteras, viudas o divorciadas , y , sin despreciar en ningún caso, a infieles casadas-que lo son-,porque antes fueron engañadas por sus propios maridos y con sus mejores amigas: este es el mundo actual del corazón humano, que busca amor allí donde nunca lo encontrará, y que, muchas veces no sabe reconocerlo cuando lo tiene ante sus propias narices: esta terrible enfermedad del desamor.
Las Webs de contactos: muchas veces son objeto de robos de joyas, dinero, ropas…, con lo que los ‘cazamujeres’ de pocas miras y guante blanco hacen su agosto, y desaparecen cual si fuesen fantasmas que habitaban en los castillos medievales.
Siempre nuestro mundo estuvo lleno de ‘donjuanes’, en los textos literarios y en la vida cotidiana. El amor siempre es cosa de dos: uno que está enamorado, y otro que finge estarlo (en este caso concreto de ‘Siempre existirán seductores de mujeres’), para después huir allende los mares…, y si te he visto no me acuerdo. Somos, y en realidad, los hombres necios, y nuestra necedad quedó reflejada en la famosa
De todos es sabido que las hijas de Eva tienen cualidades asombrosas, que sacan de los más profundo de sus corazones: si quieren gritar ellas son capaces de sonreír, si quieren llorar pueden llegar a cantar, si están contentas pueden llorar y se ponen nerviosas cuando ríen: así de sencillo, aunque nos parezca lo contrario. Sigo diciendo que son seres perfectamente complementarios con los hombres, y que sin ellas…qué iba a ser de nosotros. Recuerdo… la redondilla, que dice: “Hombres necios que acusáis/a la mujer sin razón, / sin ver que sois la ocasión/de los mucho que culpáis (Sor Juana Inés de la Cruz, Redondillas, III).
La Coruña, 27 de enero de 2013 © Mariano Cabrero Bárcena es escritor |