Haga que aprecie la lectura de buenos libros sin que deje de entretenerse con los pájaros, las flores del campo y las maravillosas vistas de lagos y montañas.
Que aprenda a jugar sin violencia con sus amigos.
Explíquele que vale más una derrota honrosa que una victoria vergonzosa.
Que crea en sí mismo, en sus capacidades, aunque se quede solo y tenga que lidiar contra todos.
Enséñele a ser gentil con los buenos y duro con los perversos.
Instrúyalo a que no haga las cosas porque simplemente otros lo hacen; que sea amante de los valores.
Que aprenda a oír a todos pero que a la hora de la verdad decida por sí mismo.
Enséñele a sonreír y a tener buen humor cuando esté triste.
Y enséñele que los hombres también lloran.
Enséñele a ignorar los gritos de las multitudes que sólo reclaman derechos sin pagar el costo de sus obligaciones.
Trátelo bien, pero no lo mime ni lo adule. Déjelo que se haga fuerte.
Incúlquele valor y coraje pero también paciencia, constancia y sobriedad.
Entiendo que le estoy pidiendo mucho pero haga todo aquello que pueda.
Muchas gracias, querido profesor.
Abrahan Lincoln, 1820
Leído en Editorial Lamela. |